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31.10.09

Visión nº 3

El joven quería sumergirse en su fangoso ego, hasta despertar de la pesadilla del aletargamiento. Y salir del calmo océano de la parálisis, nadar sin saber nadar, a través de los pantanos de la indiferencia. De su inconstancia. De su negligencia.

Quiso reconocerse ignorante, y olvidar voluntariamente cuanto había aprendido. Quiso absorber las cosas como en el principio, cuando toda conciencia está limpia, y la normalidad es la sorpresa. Porque donde hay sorpresa hay verdadero aprendizaje.

Quiso extirpar de raíz sus ojos contaminados, navegar solo, solo y acompañado. Volver a la inocencia que se le había escapado. Acariciar las montañas con sus dedos de niño inquieto, sin maldad ni tristeza. Escarbar en su regocijo de inocencia.

Adiós al ego.

Adiós a la memoria.

Adiós al olvido perdido. 

25.2.09

Visión nº12

El cigarrillo aún humeaba. La tenue luz artificial reflejaba los muros rojos en su palidez. El ave desde la profundidad y su locura improvisada, acentuada por la copa de vino que estaba bebiendo. En-sam-bla-je. Algún desatino enológico. No importaba. La danza del saxo y los veloces platillos hacían que todo se olvidara. (Incluso había olvidado que esperaba a alguien, una cita improvisada, una reunión de desconocidos. Un encuentro de dos estrellas). De fondo, las cajas y el bajo, seguidos por la explosión de la trompeta. El ave revoloteando por la sala entera desde el humilde estereofónico color dorado añejo. Las luces fueron tenues, mientras esperaba a quien jamás llegaría. Sería mejor salir a tomar un poco de aire fresco.

Afuera no habían aves.