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4.10.07

Reflexiones en torno al Jazz (Parte 2)

El Jazz como síntesis cultural

Toda sociedad que nace de una mezcla en el fondo nace del dolor, de la agonía de saberse ajeno, de la obligación de mezclarse para sobrevivir, de la melancolía de abandonar el hogar para iniciar nuevas travesías. Sabido es que el jazz nace con el cambio de siglo, resultado de distintas semillas que germinaron en un terreno fértil, como lo es el continente americano. Distintas culturas, distintas agonías.

Los griegos decían que la pasión es en realidad padecimiento, dolor. Como una fiebre que nos envuelve. Pues, es pasión lo que sobra en los jazzistas, y es pasión lo que se encuentra en los verdaderos amantes del jazz. Hay entre ambos una consonancia en el dolor.

La música muchas veces nos habla del pasado, mejor o peor, pero nuestro. Tal como lo demuestra la saudade brasilera, esa nostalgia por el hogar, que acompaña prácticamente a toda la formación de una sociedad entera. Sí, el jazz no es fruto de la bienaventuranza norteamericana solamente; no por Arlen o Gershwin existe el jazz. El jazz existe porque hubo gente que sintió profundo dolor (pasión) y quiso expresarlo, y continúa existiendo porque esa expresión cobra vida cada vez que sentimos la carencia de ese mundo perdido, de ese tiempo perdido. Basta con recordar el sentido agonizante de algún blue (conviene escuchar la ejecución musical de Bessy Smith).

Ahora, el jazz tiene un componente no menos importante: el estilístico. Claro, no es esa música en bruto la que escuchamos en las Big Bands, sino que fue remodelada, enriquecida, sazonada, por el componente europeo. Sí, el jazz es una creación artística. Como tal, exige que el tímpano del auditor esté lo suficientemente agudo y afinado como para apreciar la belleza de un sobreagudo de saxo o, para ir más lejos, un solo de Satchmo. Y hablando del rey del jazz, Louis Armstrong supo combinar de forma excelente esa unión entre el dolor y la belleza, entre la pasión y la habilidad musical. Uno de los precursores de la historia de la música en demostrar lo que sentía mientras ejecutaba una pieza maestra, quien también sufrió por el dolor de la tardía esclavitud en los estados sureños, quien cuando tocaba se conectaba de forma única con su público (tanto gente común como otros músicos admiradores), el que coreaba alegremente When The Saints Go Marching In.

Sí, el jazz nace de la mezcla cultural, en un terreno tan fértil como el norteamericano. “Resultó del encuentro de elementos diversos, en su transfiguración por síntesis”. Y fue, desde el principio, la expresión de los profundos sentimientos humanos.

Podríamos fijar el año de 1895 como la fecha en que nace el jazz, que es el momento en que las orquestas de los bailes populares de Nueva Orleáns agregaron los blues y los rags a su repertorio de danza (el ragtime había surgido a fines del siglo XIX por la mezcla que hicieron los negros de Luisiana en que adoptaron las polcas, las cuadrillas, las marchas y las melodías de moda entre los blancos).

La música popular pronto adquiriría proporciones monumentales al conocer el refinamiento por parte de la europeización de la ejecución musical. En este contexto, aparece George Gershwin, el gran compositor del jazz de la primera mitad del siglo XX, un autodidacta, autor de canciones que denotaban el alma norteamericana nacida del sufrimiento (la mezcla cultural) pero forjando un futuro de esplendor (los inmigrantes y su sed de progreso).

Reflexiones en torno al Jazz (Parte 1)

Con el cambio de siglo nace el Jazz

El siglo XX ha sido testigo de la aparición de una gran cantidad de estilos artísticos. En cada uno de las disciplinas, se ha acrecentado el arte de manera exorbitante, formulándose nuevas medidas y nuevas formas de ejecutar el arte. La cantidad de nombres es demasiado extensa, cada artista contribuyendo de manera única en su propia disciplina. Incluso hay quienes han trascendido no sólo en una disciplina, sino en varias a la vez, a imitatio del renacentista Da Vinci. Así, han sido escritores, poetas, escultores y músicos, por nombrar algunas disciplinas artísticas, quienes en definitiva han cambiado la visión de mundo y el aporte cultural de la creación artística, en un siglo que está infestado de variedad y originalidad, y en el que el individuo mismo ha adquirido gran relevancia como medida de las cosas.


Durante al siglo abundaron los autodidactas y aquellos hombres que expresaban sus sentimientos más profundos a través del arte. No olvidemos que el impresionismo y el expresionismo, el Surrealismo y el dadaísmo, se apoderan en cierto momento del arte pictórico y la poesía, y cabe decirlo por taxativo que parezca, esta expresión de los propios esquemas mentales (recordemos la importancia que llega a tener para los artistas el psicoanálisis y el mundo de los sueños) jamás se aleja totalmente del proceso de creación artística.

Con el cambio de siglo, son varios los estilos que ven la luz por vez primera, y son en gran medida resultados de todo un proceso de evolución artística acaecida esencialmente en el siglo XIX. Dentro del arte ocupa un lugar esencial la creación musical. Pronto se dejan atrás los esquemas establecidos y se comienza a dar rienda suelta a la imaginación y a la improvisación. Con el cambio de siglo nace el jazz.

2.6.07

Bessie Smith, la Emperatriz del Blues

En su epitafio se lee "The Greatest Blues Singer in the World Will Never Stop Singing" ("La cantante de blues más grande del mundo jamás dejará de cantar") (gracias a la donación que Janis Joplin y varias ciudadanas negras hicieron para su descuidada tumba en el cementerio de Mount Lawn, Sharon Hill, Pensilvania). Su fama se debe más que nada a la magia de su voz, difícilmente definible, que evidencia una profunda pena, representando a un pueblo que había vivido durante siglos en la esclavitud y estaba siendo discriminado incluso después de su abolición. Se dice que su tristeza se expresaba sin el menor sentimentalismo, sino que con la dureza y acrimonía de su voz.

Bessie Smith nació el 15 de abril de 1894 en Chatanooga, Tennessee, y comenzó a cantar a muy temprana edad. La madre del blues, Ma Rainey, la escuchó y la llevó consigo a cantar en numerosos y misarables espectáculos a lo extenso de los estados del sur, hasta que Frank Walter la escuchó y la contrató, logrando así un gran reconocimiento no sólo en el sur sino también en la costa este de los Estados Unidos. En 1923, cuando el blues comienza a vender discos, firma con Columbia Records y logra grabar su primer disco con la canción "Down Hearted Blues" (de Alberta Hunter), con el que tuvo inmediato éxito, vendiendo 800 mil copias, sobre todo a negros. Más tarde, con su "Empty Bed Blues" (1928) tendría un éxito y reconocimiento también dentro del público blanco, más que nada por la censura (errónea) de la que fue víctima la canción.

Bessie Smith llegó a ser la actriz negra mejor pagada de su tiempo. Recordemos que la artista actuó y cantó srobe todo en los años 20, plena época clásica del blues. Realizó grabaciones con los grandes, entre ellos Louis Armstrong, quien diría de ella "Tenía música en su alma. Sentía todo lo que cantaba. Su sinceridad con su música era una inspiración". Tomemos en cuenta que es precisamente Satchmo el artista que más apasionadamente ejecutaba, con su trompeta y con su voz, la música jazz en la época clásica.

Sin embargo, hacia finales de la década del 20 y principios de los años 30, la carrera de Bessie Smith sufrió un descenso, víctima de su alcoholismo y de la Gran Depresión, además del nacimiento del vaudeville (en realidad, adaptación a Norteamérica de su original francés, que consistía en operetas frívolas y picantes muchas veces con contenido político), al que jamás pudo adaptarse. Muy por el contrario, volvió a sus orígenes realizando pequeñas funciones rurales en los estados sureños.

Totalmente empobrecida, muere el 26 de septiembre de 1937 camino al hospital, luego de haber sufrido un accidente automovilístico mientras viajaba para realizar un espectáculo en Clarksdale, Memphis. Sobre su muerte se han tejido varias teorías, entre ellas, que fue rechazada en un hospital blanco por el sólo hecho de ser afroamericana, versión según la cual ella se habría desangrado en la entrada del hospital. Además se ha dicho que dos ambulancias siguieron de largo y no la recogieron, precisamente por su color de piel. Pese a que esto era perfectamente posible tomando en cuenta la situación de los estados sureños, parece haber sido efectivamente comprobada la explicación de que ella habría muerto en la ambulancia, camino a un hospital negro de Clarksdale.

En 1971, es decir, 31 años después de su muerte, Bessie Smith obtuvo un gran reconocimiento en el mundo del jazz, luego que Columbia Records editara en cinco álbumes su obra completa. SU influencia en otros cantantes es inconmensurable: Billie Holliday, Mahalia Jackson (cantante de gospel) y la ya mencionada Janis Joplin.

Por último, cabe destacar que Bessie Smith no sólo grabó discos, sino que también protagonizó, en 1929, un cortometraje, en el que ella cantaba "St. Louis Blues" junto a los miembros de la orquesta de Fletcher Henderson (pianista y arreglista, gran impulsor del género de las big bands en Estados Unidos) y el coro de Hall Johnson, todo ello mientras una interesante y cómica a la vez que triste historia se desarrolla en un bar de la época (nótese el baile popular que ocurre casi en la mitad del cortometraje, así como la inclusión de las primeras notas de la "Rhapsodia in Blue" de Gershwin casi en el desenlace). Realización que no puede dejar de verse... he aquí un enlace para ver el cortometraje señalado, y para disfrutar de una gran realización de la Emperatriz del Blues.

30.3.07

Jazz en el Massey Hall



Si bien escuchar música jazz en discos puede convertirse en una experiencia bastante agradable, el jazz es en esencia un estilo musical que debe escucharse en vivo, porque el jazz es improvisación y teatralidad, porque aunque un músico toque la misma canción todas las noches esta canción jamás es exactamente la misma. Una orquesta sinfónica, por lo general, ejecuta la música de forma intencionalemente estructurada, producto de varias sesiones de ensayo y del esforzado trabajo del director por lograr un pieza perfecta. Pero el jazz es distinto, porque si bien los músicos ensayan cada canción, dejan un gran espacio para la espontaneidad grupal y los solos donde cada músico demuestra su ritmo y destreza.

Con esto en mente, resulta interesante recordar un concierto histórico que convocó a los mejores músicos de la época, reuniéndolos en un quinteto que pasaría a la posteridad como una de las mejores agrupaciones de jazz, a pesar de no haber nacido espontáneamente sino creada para la ocasión. Me refiero al Concierto en el Massey Hall.

El Concierto se realizó en en Massey Hall, en Toronto, Canadá, el 15 de mayo de 1953. El quinteto estaba conformado por los más grandes representantes del jazz de la época: Dizzy Gillespie en la trompeta, Charlie Parker en el saxofón, Charles Mingus en el bajo, Bud Powell en el piano y Max Roach en la batería. Todos ellos no sólo eran músicos reconocidos, también eran figuras fundamentales en la revolución del be-bop. Fueron contratados por la New Jazz Society, una asociación de aficionados al jazz de Toronto, cuyos miembros decidieron, por votación, la adherencia de estos cinco grandes músicos neoyorquinos.

El concierto no estuvo carente de anecdotas. Pese a la trascendencia del encuentro, de 2500 entradas que esperaban venderse sólo 700 fueron compradas; la razón, esa misma noche había una pelea de boxeo de gran importancia, tanta que durante en concierto tanto el público asistente como los propios músicos salían a enterarse de los pormenores del combate. Charlie Parker y Dizzy Gillespie no estaban en el mejor momento de su relación. A Charlie Parker llegó sin su saxofón, que según se dice había empeñado a cambio de dinero para comprar heroína. Bud Powell venía saliendo de un sanatorio mental y tocó ebrio.

Pero pese a la cantidad de situaciones adversas, de las que mencioné sólo algunas, el concierto fue todo un éxito. Pese a ciertos problemas dentro del grupo, sobre el escenario se olvidaron todas las disputas y lograron llegar varias veces al climax de su música, a través de varios solos e improvisaciones.

Gracias a la grabación por magnetófono de Charles Mingus, existe registro del notable encuentro. Las misma edición del disco estuvo llena de anécdotas, que no vamos a referir en detalle en esta ocasión. Finalmente el disco fue editado como primera referencia del sello Debut (sello del propio Mingus), el que fue absorbido luego por el sello Presitige. Hoy se pueden conseguir ambas ediciones en las disquerías. Definitivamente, un disco que no podemos dejar de escuchar. Un concierto que pasó a la historia del jazz como uno de las más prolijas ejecuciones de música jazz.

21.3.07

De cómo se llega al Jazz


Que cómo llegué al jazz. Es una de muchas preguntas que se responden con la misma respuesta. Al jazz uno no llega por casualidad. Creo que la casualidad está sobredimensionada en nuestro círculo. Al jazz se llega a través del dolor. Toda sociedad que nace de una mezcla en el fondo nace del dolor, de la agonía de saberse ajeno, de la obligación de mezclarse para sobrevivir, de la melancolía de abandonar el hogar para iniciar nuevas travesías. Sabido es que el jazz nace con el cambio de siglo, resultado de distintas semillas que germinaron en un terreno fértil, como lo es el continente americano. Distintas culturas, distintas agonías.

Los griegos decían que la pasión es en realidad padecimiento, dolor. Como una fiebre que nos envuelve. Pues, es pasión lo que sobra en los jazzistas, y es pasión lo que se encuentra en los verdaderos amantes del jazz. Hay entre ambos una consonancia en el dolor. En el fondo, compartimos el mismo dolor, porque somos amantes de una misma musa, la música. Y la música muchas veces nos habla del pasado, mejor o peor, pero nuestro. Tal como lo demuestra la saudade brasilera, esa melancolía por el hogar, que acompaña prácticamente a toda la formación de una sociedad entera. Sí, el jazz no es fruto de la bienaventuranza norteamericana solamente; no por Arlen o Gershwin existe el jazz. El jazz existe porque hubo gente que sintió profundo dolor y quiso expresarlo, y continúa existiendo porque esa expresión cobra vida cada vez que sentimos la carencia de ese mundo perdido, de ese tiempo perdido. Basta con recordar el sentido agonizante de algún blue (pruebe con la ejecución de Bessy Smith).

En el fondo, es una imagen romántica la que pretendo mostrar aquí. Esa imagen de la pérdida, de sentirse solo en un mundo nuevo, o al menos extraño. Nuestra sociedad también fue formada de inmigrantes e indígenas, fue construida en el campo con el sudor de la labranza. Así nace el folk, que se ha mezclado y lo sigue haciendo con ritmos coincidentes, en cierta forma equivalentes. El llanto negro y el llanto indígena parece ser el mismo, porque juntos hacen un mismo eco.

Ahora, el jazz tiene un componente no menos importante: el estilístico. Claro, no es esa música en bruto la que escuchamos en las Big Bands, sino que fue remodelada, enriquecida, sazonada, por el componente europeo. Sí, el jazz es una creación artística. Como tal, exige que el tímpano del auditor esté lo suficientemente agudo y afinado como para apreciar la belleza de un sobreagudo de saxo o, para ir más lejos, un solo de Satchmo. Y hablando del rey del jazz, Louis Armstrong supo combinar de forma excelente esa unión entre el dolor y la belleza, entre la pasión y la habilidad musical. Uno de los precursores de la historia de la música en demostrar lo que sentía mientras ejecutaba una pieza maestra, quien también sufrió por el dolor de la tardía esclavitud en los estados sureños, quien cuando tocaba se conectaba de forma única con su público (tanto gente común como otros músicos admiradores), el que coreaba alegremente When The Saints Go Marching In.

Pasión. Así es como se llega al jazz. El dolor de estar en un mundo extraño, el sobrecogimiento de estar escuchando música de verdad, música formada con trabajo y pintada con sangre. Sea Nueva Orleáns, La Habana o Valparaíso, el jazz pervive porque hay inquietud musical, porque hay necesidad de compartir la melancolía y de escuchar buena música.


29.1.07

Gershwin y su "Rhapsody In Blue"



Cuando penetramos el mundo del jazz, es inevitable llegar a escritores como George Gershwin. Inevitable, porque fue uno de los precursores y motivadores más importantes del nacimiento del jazz en Estados Unidos.

Pese al nacimiento espontáneo del estilo musical, pronto se mejoró notablemente la técnica e interpretación del jazz, llevándose no sólo a los bares y locales nocturnos, sino también a los grandes salones. En este contexto, el famoso director Paul Whiteman invitó a Gershwin a componer una obra sinfónica de jazz, llamada a ser la obra central de us presentación. La anécdota es que a Gershwin olvidó por completo esa invitación, y sólo recordóel encargo por medio de la prensa, cuando faltaban sólo una pocas semanas para el estreno.

En sólo 3 semanas el gran escritor terminó su obra, que tituló "Rhapsody In Blue", a propósito de ese ritmo hermano del jazz, el blues. Su éxito fue fulminante, y no sólo alimentó el placer de los oídos norteamericanos y europeos, sino que fue un estimulante para el progresivo movimiento jazzístico de la época.

De esta forma, Gershwin enraizaba el jazz en la tradición musical de su país, valiéndose del sonido afroamericano del blues y la armonía clásica del piano. Una canción inolvidable, que se sitúa como una estación obligada en nuestro viaje musical a través del jazz.

Como datos técnicos, debemos señalar que el estreno de "Rhapsody In Blue" aconteció el 12 de febrero de 1924, con orquestación de Ferde Grofe y arreglos de Paul Whiteman. Así, Gerwshin vistió de etiqueta este creciente estilo popular norteamericano, y pronto su técnica mejoraría a tal punto que realizaría por su propia cuenta las presentaciones de la obra, y escribiría muchas otras, impulsando junto con otros muchos artistas, el desarrollo del jazz.

28.1.07

That Old Black Magic


La mayoría de las personas pasan por etapas musicales. Representa una gran pobreza de estilos y de mente el quedarse para siempre estancado en un único estilo musical, ese que se ha conocido por primera vez. Hay muchos especimenes de esa índole en nuestro mundo, gente que no ve más allá de su nariz y que suele creer en la primera opinión que encuentra. Pero también está ese otro espécimen, aquel que se esmera en encontrar aquel estilo que más lo caracterice y que haga que sus emociones se inquieten.

Recuerdo que en mi adolescencia busqué a Dios a través de varias interpretaciones distintas, por lo que viajé de una iglesia a otra buscando una respuesta satisfactoria. Lamentablemente no la encontré. No encontré a Dios en ninguna parte, incluso cuando lo busqué dentro de mí mismo, que era el último lugar al cual recurrir y al que le tenía más “fe”. Como en todo viaje, lo que cuenta no es el destino, sino el proceso que hay que atravesar para llegar a él. Al buscar a Dios existen dos posibilidades, que lo encuentres o que no lo encuentres. Para ambas opciones el viaje no está perdido. La misma ecuación es válida para la evolución musical de una persona.

Cuando era niño me quedaba tardes enteras dibujando en la mesa de mi casa (de mi casa en ese entonces) mientras mi madre se ocupaba de la cocina y las cosas de la casa, siempre con la radio encendida. Y yo, por inercia, oía todas las canciones que tocaban en la estación de radio de turno. No está de más decir que esas canciones son las mismas que ahora oyen los seguidores del estilo “kitsch”… Cansado ya de la música que escuchamos por obligación en nuestro hogar, al llegar a la adolescencia nos ponemos a buscar nuestro propio estilo. Por algo se denomina época de definición (frase casi siempre asociada a la definición sexual). Fue en este momento en que conocí el rock. Sí, el rock’n’roll del viejo estilo, ese de los años sesenta y setenta, aquél rock de antología que hizo vibrar a todos esos viejos hippies en su juventud. Pero, no contento con este estilo, seguí buscando una forma musical más evolucionada. En esta parte de mi búsqueda conocí la ópera.

A partir de cierta educación musical que tuve de niño, conocí a artistas como Beethoven y Chopin. Nombro a estos dos porque son los que escucho aún hoy (habría que añadir al finlandés Jean Sibelius). De ahí derivé a Giacomo Puccini. Con Puccini entré de lleno al mundo de la ópera y seguí a divas como María Callas, Monserrat Caballé y Ghena Dimoitrova. Conocí a la épica wagneriana y el romanticismo de Verdi. En fin, disfruté de esta música llamada “selecta”, “culta” y “refinada”. Pero aún no estaba contento. Faltaba algo. La música que escucha una persona debe ser el reflejo de su personalidad. El rock está bien cuando uno vive en una época rebelde y contestataria, como la adolescencia. La ópera está bien cuando el gusto se refina y uno disfruta de toda la carga romántica e idealista de las arias. Sin embargo, el ritmo que de verdad me movía, que despertaba gran pasión en mis sentidos, siempre fue y sigue siendo aquél de raíces negras. Sí, esa vieja magia negra, tambores y saltos alrededor de una fogata, que luego evolucionaría a estilos musicales bien definidos al ser ejecutadas con instrumentos europeos. Hablo de esa música que trajeron a América los esclavos africanos hace siglos, que se fue mezclando con el folclore local y con el aporte del viejo continente, y que encontró una verdadera realización maestra en los Estados Unidos a fines del XIX y principios del XX. Estoy hablando del jazz.

Desde el ragtime hasta los ensambles modernos; desde la música negra pura hasta su europeización y su latinización; desde las intervenciones solitarias de improvisación hasta el sonido de las grandes orquestas. El jazz. That Old Black Magic, como dice la popular canción escrita por Harold Arlen. El jazz y sus derivaciones, el blues, el spiritual, el gospel, el soul y el swing. Esos otros ritmos que encuentran eco en el jazz como el bossa y el funk. De verdad, cuando uno entra en el mundo del jazz se encuentra con algo interminable, una gran cantidad de estilos e interpretaciones. He escuchado la canción antes citada en tantas versiones distintas, desde Glenn Miller hasta Frank Sinatra, desde Marilyn Monroe hasta The Platters, desde Jerry Lewis hasta Robbie Williams (sí, ese cantante inglés famoso en estos días).

Hoy en día se hacen diversas fusiones, las que a partir del jazz conocido se internan en los sonidos latinos tan propios de nuestra América hispana, tomando elementos del folclore centroamericano e incluso chileno. Sin ir más lejos, un grupo chileno como Los Tres utiliza elementos propios del jazz en sus canciones, pero con letras que coinciden con el modo de pensar chileno. El Jazz se ha transformado una y otra vez, ha evolucionado y lo sigue haciendo. Tal como el gusto musical de una persona debiera evolucionar.

Bueno, mi personal evolución musical ha transitado por todos estos parajes mencionados, y algunos otros que me reservé por diversas razones. El mensaje: la evolución, en no-estancamiento en un estilo único. Yo ahora vivo inmerso en el jazz y la música alternativa, ese underground que nos apasiona tanto a muchos de nosotros, nosotros, los que tenemos la constante inquietud de buscar más allá de lo que nos entregan (en bandeja) los medios. Pero mi evolución no ha terminado. Lejos de terminar ha ido tomando nuevas fuerzas, lo que no implica que hoy por hoy evite escuchar a Hey Joe de Jimmy Hendrix o, por otro lado, Turandot de Puccini. No. Los estilos se van nutriendo, y las pasiones van encontrando satisfacción en los distintos estilos que albergamos en nuestro subconsciente. La música existe para el deleite humano, y es también para el deleite humano que los estilos van evolucionando. Es parte de nuestra preciada libertad el buscar nuestra pasión musical. Por el momento disfruto algún viejo tema de Gershwin… Mañana... ya veremos qué nos depara nuestro incansable viaje musical.

24.1.07

Lullaby Of Birdland

Lullaby Of Birdland de George Shearing.

Oh, lullaby of birdland whisper low
Always here, when you sigh,
Never in my woodland could there be words to reveal
In a phrase how i feel.


Have you ever heard two turtle doves
Bill and coo when they love?
That's the kind of magic music we get from our lips
When we kiss

And there's a weepy old willow
He really knows how to cry
That's how i'd cry in my pillow
If you should tell me farewell and goodbye

Lullaby of birdland whisper low
Kiss me sweet, then we'll go
Flying high in birdland, high in the sky up above
All because we're in love

Lullaby, lullaby

Have you ever heard two turtle doves
Bill and coo when they love?
That's the kind of magic music we get from our lips
When we kiss

And there's a weepy old willow
He really knows how to cry
That's how i'd cry in my pillow
If you should tell me farewell and goodbye

Lullaby of birdland whisper low
Kiss me sweet, then we'll go
Flying high in birdland, high in the sky up above
And it's all because we're in love


NOTAS: La canción transcrita fue escrita por George Shearing y publicada en 1952. Destinada a ser interpretada por una voz femenina, artistas de la talla de Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald hicieron suyo un tema inevitable si hablamos de música jazz, otorgándole una elegancia y sofisticación difíciles de igualar.

Sí, el tema habla del beso, a través de una ya clasica visión romántica que tiene relación con la transpolación a un mundo de ensueño, en el que ya el resto deja de existir y sólo importa el beso y "esa clase de magia" que ocurre en medio de él, una especie de "país de las aves" que es el enamoramiento.