That Old Black Magic
Recuerdo que en mi adolescencia busqué a Dios a través de varias interpretaciones distintas, por lo que viajé de una iglesia a otra buscando una respuesta satisfactoria. Lamentablemente no la encontré. No encontré a Dios en ninguna parte, incluso cuando lo busqué dentro de mí mismo, que era el último lugar al cual recurrir y al que le tenía más “fe”. Como en todo viaje, lo que cuenta no es el destino, sino el proceso que hay que atravesar para llegar a él. Al buscar a Dios existen dos posibilidades, que lo encuentres o que no lo encuentres. Para ambas opciones el viaje no está perdido. La misma ecuación es válida para la evolución musical de una persona.
Cuando era niño me quedaba tardes enteras dibujando en la mesa de mi casa (de mi casa en ese entonces) mientras mi madre se ocupaba de la cocina y las cosas de la casa, siempre con la radio encendida. Y yo, por inercia, oía todas las canciones que tocaban en la estación de radio de turno. No está de más decir que esas canciones son las mismas que ahora oyen los seguidores del estilo “kitsch”… Cansado ya de la música que escuchamos por obligación en nuestro hogar, al llegar a la adolescencia nos ponemos a buscar nuestro propio estilo. Por algo se denomina época de definición (frase casi siempre asociada a la definición sexual). Fue en este momento en que conocí el rock. Sí, el rock’n’roll del viejo estilo, ese de los años sesenta y setenta, aquél rock de antología que hizo vibrar a todos esos viejos hippies en su juventud. Pero, no contento con este estilo, seguí buscando una forma musical más evolucionada. En esta parte de mi búsqueda conocí la ópera.
A partir de cierta educación musical que tuve de niño, conocí a artistas como Beethoven y Chopin. Nombro a estos dos porque son los que escucho aún hoy (habría que añadir al finlandés Jean Sibelius). De ahí derivé a Giacomo Puccini. Con Puccini entré de lleno al mundo de la ópera y seguí a divas como María Callas, Monserrat Caballé y Ghena Dimoitrova. Conocí a la épica wagneriana y el romanticismo de Verdi. En fin, disfruté de esta música llamada “selecta”, “culta” y “refinada”. Pero aún no estaba contento. Faltaba algo. La música que escucha una persona debe ser el reflejo de su personalidad. El rock está bien cuando uno vive en una época rebelde y contestataria, como la adolescencia. La ópera está bien cuando el gusto se refina y uno disfruta de toda la carga romántica e idealista de las arias. Sin embargo, el ritmo que de verdad me movía, que despertaba gran pasión en mis sentidos, siempre fue y sigue siendo aquél de raíces negras. Sí, esa vieja magia negra, tambores y saltos alrededor de una fogata, que luego evolucionaría a estilos musicales bien definidos al ser ejecutadas con instrumentos europeos. Hablo de esa música que trajeron a América los esclavos africanos hace siglos, que se fue mezclando con el folclore local y con el aporte del viejo continente, y que encontró una verdadera realización maestra en los Estados Unidos a fines del XIX y principios del XX. Estoy hablando del jazz.
Desde el ragtime hasta los ensambles modernos; desde la música negra pura hasta su europeización y su latinización; desde las intervenciones solitarias de improvisación hasta el sonido de las grandes orquestas. El jazz. That Old Black Magic, como dice la popular canción escrita por Harold Arlen. El jazz y sus derivaciones, el blues, el spiritual, el gospel, el soul y el swing. Esos otros ritmos que encuentran eco en el jazz como el bossa y el funk. De verdad, cuando uno entra en el mundo del jazz se encuentra con algo interminable, una gran cantidad de estilos e interpretaciones. He escuchado la canción antes citada en tantas versiones distintas, desde Glenn Miller hasta Frank Sinatra, desde Marilyn Monroe hasta The Platters, desde Jerry Lewis hasta Robbie Williams (sí, ese cantante inglés famoso en estos días).
Hoy en día se hacen diversas fusiones, las que a partir del jazz conocido se internan en los sonidos latinos tan propios de nuestra América hispana, tomando elementos del folclore centroamericano e incluso chileno. Sin ir más lejos, un grupo chileno como Los Tres utiliza elementos propios del jazz en sus canciones, pero con letras que coinciden con el modo de pensar chileno. El Jazz se ha transformado una y otra vez, ha evolucionado y lo sigue haciendo. Tal como el gusto musical de una persona debiera evolucionar.
Bueno, mi personal evolución musical ha transitado por todos estos parajes mencionados, y algunos otros que me reservé por diversas razones. El mensaje: la evolución, en no-estancamiento en un estilo único. Yo ahora vivo inmerso en el jazz y la música alternativa, ese underground que nos apasiona tanto a muchos de nosotros, nosotros, los que tenemos la constante inquietud de buscar más allá de lo que nos entregan (en bandeja) los medios. Pero mi evolución no ha terminado. Lejos de terminar ha ido tomando nuevas fuerzas, lo que no implica que hoy por hoy evite escuchar a Hey Joe de Jimmy Hendrix o, por otro lado, Turandot de Puccini. No. Los estilos se van nutriendo, y las pasiones van encontrando satisfacción en los distintos estilos que albergamos en nuestro subconsciente. La música existe para el deleite humano, y es también para el deleite humano que los estilos van evolucionando. Es parte de nuestra preciada libertad el buscar nuestra pasión musical. Por el momento disfruto algún viejo tema de Gershwin… Mañana... ya veremos qué nos depara nuestro incansable viaje musical.

2 comentarios:
Si definitivamente hay una banda sonora que acompaña nuestros momentos, es chistoso por que yo no me crie con la musica cebolla sino con Carpenters, Beattles, Madonna, Bowie, y musica clasica toda la musica clasica del mundo (mi papa la adora). Despues tuve variaciones inexplicables (por separacion de mi padre obvio), bueno nada es extraño hacer el ejercio de ver que musica te a acompañado toda tu vida (trae demasidos recuerdos tb).
Coincido en que también se trata de un viaje donde importa más el proceso. Pero al mismo timpo es diferente porque hay viajes donde uno conoce el destino, con la música no. Si te contara las cosas por las que tuve que pasar para llegar a lo de ahora (se podría decir que estoy en la etapa "indie"). No puedo negar que pasé por el pop (ese el pop malo), rock, entre varias cosas más.
Me gusta el indie, el jazz, bossa nova, en general sonidos "internacionales" e interculturales diría yo, espero quedarme acá,es donde me siento mejor y más a gusto.
Publicar un comentario