El Fin de la Noche
Mis ojos continúan hinchados. Desde la cima de mi inocencia se desencadenan barrotes de prisión, y el jugo de las manzanas rojas está cada vez más espeso, porque el agua y la frugalidad son demasiado frágiles para soportar un viaje tan largo. El tiempo no pasará en vano sobre nuestras cabezas adoloridas, porque el viento del norte no corre a este y oeste al mismo tiempo, y las guitarras españolas serán eternas como los colores que estuvieron frente a la musa de antologías mediterráneas. Queda poco tiempo para revivir el soplo de tu boca. Los momentos ya pasados están condicionados por tus labios rojos. Dime algo simpático para sellar este momento, quizás seas mi vida pero necesito el necesario tiempo solo. Tus bailes nunca volvieron a ser tan armoniosos como aquella vez sobre el hielo derretido sobre los autos negros de la calle de al lado. Son cosas que no ves cuando despiertas, como la felicidad de la que carecemos al crecer. Ritmos apagados y lluvia interminable, ojos cerrados pero sin párpados y sin árboles que los cobijen. Lo que significa la función es el resultado de una multiplicación hecha trizas por mi infancia, es un espejo roto en el balcón, es la desnudez de blanco y negro, es la distancia entre la vida y la blancura.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario