Paranoia de los Universos Paralelos
Supo que ella se llamaba Alicia, que vivía a pocas cuadras del café y que era admiradora de los perros. Domínguez notó de inmediato que todo eso era mentira. Su nombre, como muchos otros que se había puesto, no combinaba de ninguna forma con su fisonomía. Si ella vivía a pocas cuadras del café, significaba que vivía cerca de él, y jamás la había visto ir a comprar a un almacén o pasear a su supuesto perro perdido antes que se perdiera. Y sabía que no era de ninguna forma una gran admiradora de los perros. No estaba seguro de cuál era el argumento, pero sabía que no era de ninguna forma amante de los canes. Decidió comprobarlo.
La invitó a caminar por las húmedas calles de su barrio, que bien sabía Domínguez que estaban infestadas de perros callejeros. Caminaron un rato y él la llevó directo donde un montón de perros estaban peleando. Ella se asustó y se alejó rápidamente del lugar, cruzó la calle con los brazos alrededor de las costillas. De inmediato él la siguió, feliz de haber descubierto su gran mentira.
Entonces decidió seguir demostrándose que todo eso era una farsa. Continuó preguntándole cosas de su vida, y por supuesto, todas ellas resultaron ser falsas. De una u otra manera, Domínguez comprobó que cada una de sus verdades en realidad eran horrendas mentiras. Ya estaba comenzando a reconocer los mismos rasgos de las actrices anteriores en el rostro de ella. Las cirugías reiterativas ya no eran tan buenas como antes, o quizás su visión de la realidad se había aguzado tanto que ya nada lo engañaba. Domínguez se sentía el tipo más inteligente del planeta, porque sólo él había comprendido la gravedad del asunto. Sabía que alguien le estaba poniendo trampas una y otra vez, y no lo seguiría tolerando.
De un momento a otro, la actriz, que por entonces se hacía llamar Alicia, comenzó a decirle cosas amables. Demasiado amables. Lo sabía, ella ya había ideado la forma de hacerlo sufrir. Esta actriz era realmente perversa. Domínguez se descontroló. Ya no podía seguir fingiendo que todo estaba normal frente a esta perversa actriz, tenía que hacer algo. Allí estaba ella, aún indefensa, sin sacar aún esas garras que ya lo habían dañado. Sin pensarlo dos veces se le abalanzó encima y la golpeó tantas veces que ella ya no pudo levantarse más. La sangre corría por la vereda. La gente que por allí iba pasando comenzó a rodear el violento acontecimiento, curiosos observando el supuesto accidente. Pero no era un accidente. Domínguez estaba seguro de haberse librado al fin de su principal atacante. La había matado, antes de que ella lo matara a él. Se había adelantado al plan maestro. Lo había superado. Ahora sólo quedaba encontrar al dramaturgo.
Los carabineros lo sorprendieron riéndose mientras le caía la lluvia en la cara. Saltaba de alegría, bailaba sobre la sangre mezclada con agua de lluvia, brincaba de un lado a otro sobre el cadáver de la supuesta Alicia. Se sentía triunfador. Los carabineros se lanzaron sobre él y lo detuvieron, lo esposaron y se lo llevaron en el retén móvil. El homicidio estaba claro para ellos. Pero ellos no sabían lo que Domínguez sabía. Lo retuvieron contra su voluntad durante el resto del día, y aún más, pasó la noche tras las rejas. Al otro día un montón de gente, de seguro más actores contratados por el dramaturgo, intentaron extraerle información, pero él, como un héroe de guerra, no dijo nada. De seguro intentaban saber si sospechaba de algo, sin saber siquiera de que ya había dilucidado toda la lógica que dominaba su falsa vida. Sólo quería una vida normal. Necesitaba encontrar al dramaturgo y eliminarlo, tal como había eliminado a la actriz.
Pasaron algunos días, y luego de un sinfín de conversaciones infructuosas para los policías y abogados (todos ellos falsos, obviamente) lo llevaron a un supuesto Sanatorio Mental. Él sabía muy bien que eso no era un sanatorio. Todo lo que veía era utilería, actores y actrices simulando llevar una vida normal, pero en realidad planeando destruirlo. Él lo sabía muy bien, y no iba a permitir que eso sucediera. Pero tenía que esperar el momento justo. No antes, sino en el mejor momento, podría derrotar al dramaturgo y volver a tener una vida normal.
Entonces lo llevaron a una sala donde había un escritorio lleno de papeles y una linterna verde. Detrás del escritorio estaba un sujeto con una bata blanca, que le hablaba plácidamente, intentando sacarle información. Le hizo recostarse en una camilla helada color verde claro. No le preocupó romper el papel que cubría la camilla, a fin de cuentas todo eso era pura utilería. Escuchó pacientemente al tipo este que pretendía ser un psiquiatra, y se dio cuenta de que todo lo que decía era falso. Era evidente que este pseudo psiquiatra era otro actor contratado por el dramaturgo. Este sujeto dijo que Domínguez sufría de paranoia desde que su quinta novia lo había dejado, que estas cinco mujeres se habían ido producto de sus constantes paranoias, mezcladas de diversas manías perfeccionistas, lo que sumado a la gran cantidad de películas de ciencia ficción que recurrentemente veía en el cable, había creado una especie de mundo paralelo en el que el pobre Domínguez pensaba que todo el mundo estaba metido en un complot para perjudicarlo. Fue la idea más absurda que Domínguez había escuchado jamás. Decidió no volver a prestar atención a las imbecilidades que decía este señor que intentaba ser un psiquiatra, pero que en realidad el dramaturgo lo había contratado para confundirlo e impedir que descubriera la verdad detrás de todo.
En seguida lo llevaron a un patio lleno de sujetos vestidos igual, hablaban solos o se creían personas que no eran. Estos sí que no parecían actores. Estaban locos de verdad. El dramaturgo se había encargado de contratar locos de verdad para hacer que esta maldita obra fuese más real. El muy desgraciado dramaturgo. Esta vez no lo dejaría esconderse. Lo iba a descubrir. Y algo le decía que ya estaba cerca, muy cerca.
Lo dejaron ahí, podría moverse libremente por el patio. Sabía que lo estaban observando, y sabía que seguramente trataría de encontrar la salida y huir del lugar, pero Domínguez pensaba hacer totalmente lo contrario, se quedaría hasta averiguar dónde estaba el dramaturgo. Alguno de los locos podría darle alguna pista.
Se sentó al lado de un tipo con anteojos, que era el único que no estaba haciendo algo estúpido. “Así que también sabes el secreto, eh?” le dijo. Domínguez realmente no quería creerle, pero se dio cuenta de que ya nadie los vigilaba. Podía ser que este tipo con el que se había encontrado fuese una especie de héroe, tal como él, y que sólo los dos supieran la verdad y quisieran destruir al dramaturgo. “Hay alguien que quiere hacernos daño, yo lo sé, yo lo he visto” continuó. “¿Quién, quién es?” le preguntó Domínguez “Es el psiquiatra. Desde que lo vi por primera vez supe que era de otro planeta”. De inmediato, Domínguez añadió, sorprendido: “Así que es de otro planeta. Lo sabía, este problema sobrepasa nuestras fronteras. Debemos evitar que logre arruinar la vida de todos nosotros. Estoy seguro que juntos podremos hacerlo. Debemos eliminar al psiquiatra”.
Epílogo:
“Doctor, creo que el Joel Domínguez ha hecho amistades dentro del sanatorio. Ha estado juntándose con Gonzalo Alegría, el tipo que se cree protector de la galaxia. Se les ha visto correr juntos alrededor del patio, buscando la forma de entrar a su oficina”. El psiquiatra contestó: “Es increíble lo que puede causar la televisión en las débiles mentes de estos tipos jóvenes. Bueno, sigamos analizando al resto de los pacientes”.

6 comentarios:
tengo tu trabajo de Arte
bueno, esta regenial lo publicado,
pero Hablemos de música!
eso chao...
hola cronopio
mira: http://faunaonearth.blogspot.com/
esto ke dice aqui, en este espacio donde publicar un comentario
dice: "elegir una identidad"
como si se pudiera
me gustaron bastante tus narraciones, quizás algun dia utilice alguna para explicar lo que esta acá y que no entiendo...
gracias por las palabras en msn
adios
hey, me gusto harto este cuento.
creo que nunca habia leido a nadie que escribiese de un personaje con paranoias parecidas a las mias... aun no caigo en el psiquiatrico, pero quien sabe, quizas pronto ocurra.
asi que si escribo algo con un toque (no calidad) parecido, no se tratara de una copia, sino de que me recordaste que mi pseudo locura se podia poner en palabras. se agradece eso aunque no haya sido intencional =)
saludos, haz la tarea que te mande!
Me llamo Joel Domínguez, como el personaje. Me he encontrado con este relato por casualidad,( o causalidad). Me he quedado sorprendido, sospecho que has estado espiando mi vida, pues también creo que en el universo hay cosas que escapan a nuestro entendimiento, y soy un aficionado a los documenteles de física cuántica, que me introdujeron al mundo de los universos paralelos y las paranoias, aunque creo no estar tan loco todavía como Joel Domínguez ( el otro, el que vos creaste). Me has dejado más paranoico que nunca y me gustaría comunicarme contigo, porque sin dudas no puedo explicarme de una forma lógica, una coincidencia tan grande. Podrías enviarme un mail a epicusjoelitus@gmail.com. Y no continúes espiándome. Saluda atentamente Joel Domínguez.
Me llamo Joel Domínguez, como el personaje. Me he encontrado con este relato por casualidad,( o causalidad). Me he quedado sorprendido, sospecho que has estado espiando mi vida, pues también creo que en el universo hay cosas que escapan a nuestro entendimiento, y soy un aficionado a los documenteles de física cuántica, que me introdujeron al mundo de los universos paralelos y las paranoias, aunque creo no estar tan loco todavía como Joel Domínguez ( el otro, el que vos creaste). Me has dejado más paranoico que nunca y me gustaría comunicarme contigo, porque sin dudas no puedo explicarme de una forma lógica, una coincidencia tan grande. Podrías enviarme un mail a epicusjoelitus@gmail.com. Y no continúes espiándome. Saluda atentamente Joel Domínguez.
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