Te miro desde adentro
Abrí los ojos al escuchar un grito de la calle. "¡Corbata, tranquilo!", en boca de una especie de feriante o algo así. De inmediato olvidé todo eso que mantenía mi mente tan ocupada minutos atrás y me concentré en el nombre del perro, Corbata, que peleaba con otro perro, un poco más pequeño, justo en frente de una verdulería. Ahí me di cuenta que mi voluntad casi no existe y que me dejo llevar por mis ganas y mi apetito sustancial. Esto del apetito sustancial lo llevo pensando de hace poco, pero me parece bien interesante: uno anda buscandole la sustancia a las cosas, algo así como su sentido más básico, más sencillo, más hermoso. Eso. Mi voluntad se deja llevar por ese tipo de cosas, algo así como un niño de ocho años se deja llevar por los regalos que hay bajo el árbol de navidad, como un gato persiguiendo una mariposa amarilla (a veces sin notar que lo lleva directo a un precipicio o a una trampa o qué se yo). A veces voy a la calle de los trámites a hacer cosas importantes, y si no anoto con exactitud lo que tengo que hacer lo olvido, y puedo acabar leyendo la portada de algún diario en uno de los quioscos o sentándome a tomar un café con algún encontrado. No hay rumbos fijos. Sólo hay persecución de sensaciones, muchas veces adictivas. Debo aclarar que no corresponde al típico hedonismo posmoderno, ni menos a un intento por ser cool. De hecho, no creo que el déficit atencional lo convierta a uno en un ser digno de ser seguido ni imitado. Si me pongo a recordar los dibujos animados antiguos no es por moda, sino porque me vienen a la mente y los comparto con otros quienes sienten la misma nostalgia. La vida a veces se parece tanto a una película. A veces ni siquiera necesita música de fondo que siga la acción. A veces, ni siquiera soy yo el protagonista. Sólo hay acciones. Acciones y sensaciones. Miro todo desde adentro, como si en realidad fuese un ser inserto en la cabeza y desde ahí tripulara el resto del cuerpo. Visto todo así, desde adentro, las cosas unas veces transcurren en slow motion, otras parecen estar teñidas de algún color especial. Entonces, surge la pregunta clásisa: ¿cómo llegué acá? Entonces, todo vuelve a la normalidad, se acaban los efectos y vuelvo a ser el tipo cuerdo y racional, que sabe perfectamente lo que hace y para qué lo hace. Entonces, te veo llegar, y no eres un cable a tierra, sino más bien un cometa que me ayuda a seguir flotando en el espacio etéreo. Entonces, te miro desde adentro, y mi interior sabe salir a dar un paseo por un buen rato. Entonces, te miro, desde adentro, y el tránsito entre caos y cosmos es el ejercicio más entretenido del día.
1 comentario:
dedicado a la vita, mi amiga y complice
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