Los Pensamientos de Anselmo
Estoy en un café escribiendo, formo parte de una imagen tan cursi y retorcida que me doy rabia yo mismo. ¿Acaso intento ser el clásico intelectual que hace público un momento tan privado como el de la inspiración? No lo sé. Sólo caminaba y quise un café, se me ocurrió una idea y ahora la estoy escribiendo. Antes era mucho más sencillo con mi libreta, esa libreta que andaba trayendo a todos lados.
Me pregunto si se aparecerá Carmen en algún momento. Me la imagino sentada en la mesa del fondo, esperando que la mire, pero nunca miro, porque si miro voy a acabar distrayendome; y es que ahora mismo tengo una buena idea y no voy a dejar que pase. Es lo mismo cuando estudio: necesito un buen tiempo para concentrarme y para leer y tomar apuntes. No se puede hacer todo a la pasada, a-la-que-te-criaste, eso no está bien, si uno quiere que algo le salga bien tiene que concentrarse, eso es lo que pienso.
Ahora mismo, pretendo juntar unas cuantas líneas y formar una suerte de poema, que al parecer no rima y aunque dice muchas cosas no creo que nadie sea capaz de leer todas las cosas que puse en estas pocas líneas. Es que uno está lleno de palabras-cápsula, y lo que una palabra contiene para uno no es lo mismo que lo que contiene esa misma palabra para otro. La vida está llena de puntos suspensivos y de palabras-cápsula. Además, tiene tantas auto-referencias que difícilmente alguien que no me conoce (y que sólo ve el nombre o pseudónimo del autor de poema) pueda entender. Pero no sé por qué razón me preocupo, si siempre he escrito sólo para mí, para mi propia felicidad y satisfacción. No sé por qué pienso en algún lector. Debe ser porque me interesa la gente, igual que a la Carmen, esa es una cosa que nos une; eso y el gusto por el jazz. ¿Dónde estará ahora? Quisiera levantar la vista para ver si anda por ahí cerca, pero es muy posible que no esté en ningún lado y acabe distrayéndome y este poema sea otro intento fallido de expresar lo que siento y pienso. Y si anda por ahí cerca, seguro que me voy a enterar, me ponga o no a mirar alrededor. Se me está acabando el café, tendré que pedir otro, al fin estoy obligado a despegarme de este poema.
Levanto la vista para pedir otro café, y no me sorprende lo que veo a través del vidrio: una pequeña figura se esconde detrás de los diarios del quiosco de la esquina. Obviamente Carmen jugando a la detective. Me pregunto cuánto rato lleva espiándome. Me divierte esto de ella. Como me lo esperaba, se dirije hacia acá, mirando hacia abajo, de seguro avergonzada de sorprenderse a sí misma jugando a ser niña. Me saluda como siempre, con los ojos, sin palabras, simplemente con los ojos, no se sienta conmigo sino que se queda de pie y me invita a dar un paseo. Sí, me haría bien un paseo, así tomando aire fresco pueda ordenar mis ideas. Me dirijo a pagar la cuenta y mientras saco las monedas miro hacia afuera y ahí está Carmen, esperándome, mirando hacia arriba y recibiendo unas tímidas gotas en sus guantes rojos sin dedos. Siempre prefiere quedarse afuera, cuando me ha acompañado al médico o a hacer algún trámite siempre prefiere quedarse afuera. Me recuerda a una bicicleta verde que tenía de niño.
Sí, vamos a dar una vuelta, mi querida Carmen. Dejaré que tú me dirijas, como siempre, así tengo tiempo de pensar un poco en otra cosa. Me tomas el brazo, a mi me encantaría que me tomaras de la mano, pero a tí no te gusta tomar de la mano. Debe ser parte de la rebelión femenina contra el pasado machista y masculinodominante. Te gusta tomarme el brazo. En parte lo disfruto, aunque al poco rato me canso de tener el brazo para tí y me dan calambres, que no son calambres sino síntomas propios del hiperquinético que soy.
Me encantan estas calles de adoquines, que son conocidas por mí porque llevan hacia tu casa. Atrevida Carmen, me estás llevando a tu casa, como sin quererlo. Tal vez tú también estás en piloto automático y avanzas sin pensarlo por los lugares conocidos. Me encanta tu casa y jugar con tu gato Tender, que es el símbolo de nuestra amistad. Bueno, dices, ya que estamos acá subamos a mi casa. Seguro, respondo. Subimos las escaleras y al entrar de inmediato sentimos el calor hogareño, y claro, vemos la oportunidad de sacarnos la ropa mojada por la lluvia. Claro que también nos sacamos algo de ropa seca, por puro ánimo de jugar un rato. ¿No vas a poner un dico primero? ¿Poner la tetera y tomarnos un té caliente? ¿No vas a mostrarme los libros que te compraste ayer en la feria de las pulgas?. No. Hoy estás diferente. Hoy no quieres tanto diálogo. Estás como distante, como pensando todo el tiempo en algo. Yo también.
No acostamos en tu cama sin desarmarla, sin abrir los pétalos de tu cama. Me apoyo en la almohada y tú te apoyas en mi pecho. Es un ejercicio hecho tantas veces que he perdido la cuenta de cuántas veces te apoyas en mi pecho. Yo no me aguanto. Te veo tan hermosa mirando hacia el vacío, e nota que recuerdas y que el pasado te atormenta, y eso me vuelve loco. Tus ojos negros dicen tanto que ni te imaginas, seguro que piensas que guardas el misterio y nadie sabe que estás sufriendo por dentro, pero tus ojos lo dicen todo sin usar palabras sino en el lenguaje más originario. Y el sexo, una vez más el sexo, es tu forma de redimirte de ese pasado, porque así tu no te escapas del pasado sino que te embriagas de él, y juntos no caemos al vacío y rebotamos hasta más arriba de las nubes, y nos quedamos abrazados, acurrucados, extasiados, sin importarnos el calor agobiante que hay en el breve espacio entre tu nariz y mis ojos, y nos quedamos ahí extáticos, simplemente oyendo la lluvia que cae en tu techo.
Me pregunto si se aparecerá Carmen en algún momento. Me la imagino sentada en la mesa del fondo, esperando que la mire, pero nunca miro, porque si miro voy a acabar distrayendome; y es que ahora mismo tengo una buena idea y no voy a dejar que pase. Es lo mismo cuando estudio: necesito un buen tiempo para concentrarme y para leer y tomar apuntes. No se puede hacer todo a la pasada, a-la-que-te-criaste, eso no está bien, si uno quiere que algo le salga bien tiene que concentrarse, eso es lo que pienso.
Ahora mismo, pretendo juntar unas cuantas líneas y formar una suerte de poema, que al parecer no rima y aunque dice muchas cosas no creo que nadie sea capaz de leer todas las cosas que puse en estas pocas líneas. Es que uno está lleno de palabras-cápsula, y lo que una palabra contiene para uno no es lo mismo que lo que contiene esa misma palabra para otro. La vida está llena de puntos suspensivos y de palabras-cápsula. Además, tiene tantas auto-referencias que difícilmente alguien que no me conoce (y que sólo ve el nombre o pseudónimo del autor de poema) pueda entender. Pero no sé por qué razón me preocupo, si siempre he escrito sólo para mí, para mi propia felicidad y satisfacción. No sé por qué pienso en algún lector. Debe ser porque me interesa la gente, igual que a la Carmen, esa es una cosa que nos une; eso y el gusto por el jazz. ¿Dónde estará ahora? Quisiera levantar la vista para ver si anda por ahí cerca, pero es muy posible que no esté en ningún lado y acabe distrayéndome y este poema sea otro intento fallido de expresar lo que siento y pienso. Y si anda por ahí cerca, seguro que me voy a enterar, me ponga o no a mirar alrededor. Se me está acabando el café, tendré que pedir otro, al fin estoy obligado a despegarme de este poema.
Levanto la vista para pedir otro café, y no me sorprende lo que veo a través del vidrio: una pequeña figura se esconde detrás de los diarios del quiosco de la esquina. Obviamente Carmen jugando a la detective. Me pregunto cuánto rato lleva espiándome. Me divierte esto de ella. Como me lo esperaba, se dirije hacia acá, mirando hacia abajo, de seguro avergonzada de sorprenderse a sí misma jugando a ser niña. Me saluda como siempre, con los ojos, sin palabras, simplemente con los ojos, no se sienta conmigo sino que se queda de pie y me invita a dar un paseo. Sí, me haría bien un paseo, así tomando aire fresco pueda ordenar mis ideas. Me dirijo a pagar la cuenta y mientras saco las monedas miro hacia afuera y ahí está Carmen, esperándome, mirando hacia arriba y recibiendo unas tímidas gotas en sus guantes rojos sin dedos. Siempre prefiere quedarse afuera, cuando me ha acompañado al médico o a hacer algún trámite siempre prefiere quedarse afuera. Me recuerda a una bicicleta verde que tenía de niño.
Sí, vamos a dar una vuelta, mi querida Carmen. Dejaré que tú me dirijas, como siempre, así tengo tiempo de pensar un poco en otra cosa. Me tomas el brazo, a mi me encantaría que me tomaras de la mano, pero a tí no te gusta tomar de la mano. Debe ser parte de la rebelión femenina contra el pasado machista y masculinodominante. Te gusta tomarme el brazo. En parte lo disfruto, aunque al poco rato me canso de tener el brazo para tí y me dan calambres, que no son calambres sino síntomas propios del hiperquinético que soy.
Me encantan estas calles de adoquines, que son conocidas por mí porque llevan hacia tu casa. Atrevida Carmen, me estás llevando a tu casa, como sin quererlo. Tal vez tú también estás en piloto automático y avanzas sin pensarlo por los lugares conocidos. Me encanta tu casa y jugar con tu gato Tender, que es el símbolo de nuestra amistad. Bueno, dices, ya que estamos acá subamos a mi casa. Seguro, respondo. Subimos las escaleras y al entrar de inmediato sentimos el calor hogareño, y claro, vemos la oportunidad de sacarnos la ropa mojada por la lluvia. Claro que también nos sacamos algo de ropa seca, por puro ánimo de jugar un rato. ¿No vas a poner un dico primero? ¿Poner la tetera y tomarnos un té caliente? ¿No vas a mostrarme los libros que te compraste ayer en la feria de las pulgas?. No. Hoy estás diferente. Hoy no quieres tanto diálogo. Estás como distante, como pensando todo el tiempo en algo. Yo también.
No acostamos en tu cama sin desarmarla, sin abrir los pétalos de tu cama. Me apoyo en la almohada y tú te apoyas en mi pecho. Es un ejercicio hecho tantas veces que he perdido la cuenta de cuántas veces te apoyas en mi pecho. Yo no me aguanto. Te veo tan hermosa mirando hacia el vacío, e nota que recuerdas y que el pasado te atormenta, y eso me vuelve loco. Tus ojos negros dicen tanto que ni te imaginas, seguro que piensas que guardas el misterio y nadie sabe que estás sufriendo por dentro, pero tus ojos lo dicen todo sin usar palabras sino en el lenguaje más originario. Y el sexo, una vez más el sexo, es tu forma de redimirte de ese pasado, porque así tu no te escapas del pasado sino que te embriagas de él, y juntos no caemos al vacío y rebotamos hasta más arriba de las nubes, y nos quedamos abrazados, acurrucados, extasiados, sin importarnos el calor agobiante que hay en el breve espacio entre tu nariz y mis ojos, y nos quedamos ahí extáticos, simplemente oyendo la lluvia que cae en tu techo.
5 comentarios:
eso de ver la historia -pensamientos- desde un lado y despues desde otro, me gusta, es divertido. me recuerda a "los amantes del círculo polar" que es linda esa película...
me da risa que Anselmo compare a Carmen con su bicicleta verde porque se queda afuera jajajj.
y Carmen tiene guantes rojos con dedos cortados como yo...
:P
que raro igual eso de saber que tienen sexo, cuando siempre era algo tan implícito, o como que estaban a punto de besarse pero no... igual era entretenido eso. o quizas es como un masoquismo, como que uno quiere, pero mejor que no... jajja
bueh... dentro de la atemporalidad de esto, todo es posible claro.
saludjoselo
a ver si nos toca pronto una de esas tardes otoñales
Las mujeres no piensan todoenseguidosinpuntosnicomas y los hombres con puntos seguidos y aparte y con todas las de la ley. Se que crees que es así, pero no lo es.
sé que no es así, pero quería jugar con este recurso literario en estos cuentos, sobre todo para hacer ver dos percepciones distintas de un mismo hecho... independiente de los sexos... más de acuerdo con las personalidades de los personajes
en todo caso, me influí bastante por un libro que me recomendaron y revisé hace un tiempo, en que el autor dice que las mujeres piensan distinto y todo eso... pero, no creo que hombres ni mujeres piensen de acuerdo a una forma narrativa dada, al menos en el subconsciente más próximo, asi que de todas formas no es tan válido
es ficción! (es una de las cosas entretenidas de escribir cuentos)
jjajajaj...
sii, crees que es asiií!
sexista!
naah, pero si creo que exageras mucho ciertas cosas... como eso que pienses que esta chica va a pensar literalmente el hecho de tomarse el pelo, cuando deberia ser algo automático... en fin
esa carmen es una hiperventilada parece, la pobre
jajaja, si, me engrupió ese libro!
en todo caso, estos cuentos son una forma de ridiculizarme a mí mismo, porque las cosas que piensan los personajes creo haberlas pensado yo alguna vez... y creeme, me siento más identificado con Carmen que con Anselmo (de hecho es ella mi protagonista, más que él... eso lo prueba la cantidad de cuentos dedicados a Carmen...) además, creo que yo pienso cuando pienso en palabras (y no en imagenes como es la costumbre) obviamente no le pongo puntuación, quien lo hace?
(tendré que ponerme al día con Anselmo, para que no quede relegado)
sexista! jajajaja... no se puede evitar la diferencia, pero se puede disfrutar... eso pienso... y la diferencia claramente no radica en el sexo, sino en la historia de cada uno... pero bueno, pa la otra invierto la cosa, y apuesto que nadie va a decir que soy feminista ni nada parecido
[sobre machismo y feminismo no voy a decir nada]
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