Entre el vientre y las nubes
Desde mi piel nos lanzamos al vacío, inertes,
como dos copas sin vino y sin dilaciones,
inocuas manchas de sudor en los muslos,
acciones que de pronto
se esfuman, para volver a empezar
inauditas, gloriosas,
infames, y otra vez decisivas.
Los árboles de la infancia refulgen
en agonías multicolores
adoradas fantasías que el regazo
sabe bien sosegar, lánguidas melodías
de voces fraternas,
tantas simpatías que el recuerdo
se encarga de hermosear.
Una vez más los televisores
se apagaron con la oscuridad, y con el silencio
llegaba a mis manos esa piel de arena,
suave y cálida,
desierto implacable de calores etéreos,
voces nauseabundas dentro del aliento
compartido,
localismos inentendibles y
aromas azulplateado, besos
vagabundos peregrinos y perdidos
como la sangre en mis venas, como el amplio lodazal
que deja la lluvia una vez más
entre el vientre y las nubes.
2 comentarios:
Gracias por tus palabras mucho más por leerme, creo que todas las palabras están sin pulir en todos los textos que puedan existir, sino no tendrían gracia, uno no podría seguir reinventándolas....
también me agrada pasar por acá!
Que lindo escrito, descubrí este blog y lo voy a seguir recorriendo, con su permiso.
Besos
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