2.6.08

El nostálgico Alonso

Todos los del grupo – que hacía un tiempo comenzaron a llamar "cenáculo" – tenían cierto temor a la posibilidad que Alonso siguiera los pasos del inglés Chatterton. ¡Vivía en carne propia el mal del siglo XIX! Era como un Petrus Borel contemporáneo, como un individuo de otra época. Se vestía como un jazz-boy de los años veinte, usaba el pelo como Gautier y se enternecía con sólo pensar en un retorno a la Naturaleza originaria. No veía noticias, porque eso acabaría definitivamente con su ánimo, y porque nunca fue muy bueno para ver televisión. Prefería la radio. Usualmente sintonizaba alguna de esas radios que tocan discos de los sesenta y setenta, los clásicos romanticones italianos, o algún programa de jazz. Se aburría con el free jazz, prefería siempre escuchar a Satchmo, Beiderbecke o Ellington. Mejor si la música de la ocasión era alguno de esos blues de Ma Rainey o Bessie Smith.

La nostalgia era su sentimiento más cotidiano. Cuando hablaba con Anselmo le contaba sobre su niñez, allá en el sur, sobre los pozos profundos de donde sacaban agua, sobre la parcela que tuvieron que hipotecar sus abuelos, sobre su madre haciendo pastel de choclo y otras artes. Dentro del grupo su amigo más cercano era Anselmo, que al parecer era el único que lo entendía. Un día leyó un poema suyo en voz alta, pero todos se quedaron en silencio, menos Anselmo que le analizó el poema hasta la última palabra. Nunca creyó que alguien lo entendería así. Desde ese momento, se pegó a Anselmo como si éste fuese su hermano mayor.

De hecho, Alonso era un par de años menor que Anselmo, y se parecían bastante en su ánimo melancólico. Carmen le decía a Alonso siempre que mirara el lado positivo de las cosas, él le respondía que obviamente era capaz de observar toda la Belleza que hay en las cosas, en la Naturaleza, en la Humanidad, en el Universo, pero que no era muy capaz de soportar su propio presente. Carmen tenía miedo de tener al lado a un pequeño suicida, a un Cesare Pavese (que se mató con una sobredosis de sonmíferos) o a un Paul Celan (que se arrojó al río Sena) pero en versión porteña. Anselmo le decía a Carmen que dejara tranquilo a Alonso, que después de todo a Rilke le pareció mejor quedarse con sus demonios, con tal de no perder a sus ángeles.

Gustav no le prestaba la menor atención a Alonso. Lo consideraba inmaduro. Una vez hablaron, según recuerdan los demás del grupo, y Alonso le contó a Gustav la historia de un amor imposible que había vivido hace algún tiempo. Gustav lo reprochó, diciéndole que ningún amor es imposible, y que a la larga el amor ni siquiera existía, que era una invención capitalista para vender tarjetas, y que el amor era como la complejización de deseo y de la necesidad de preservar la especie humana. En ese tipo de cosas no coincidían esos dos, así que preferían no hablarse. Pero Anselmo siempre lo defendía, como todo un hermano mayor, se llevaba bien con él y le gustaba escucharlo. Además, admiraba sus versos. A veces se sentía un Paul Verlaine al lado de un Rimbaud, aunque claro, sólo con sentimientos fraternales.

A Fernanda sólo le parecía "lindo". En una de las reuniones del "cenáculo" Fernanda contó una anécdota que le ocurrió mientras iba en el metro, y Alonso le dijo algo así como "tú sí que sabes contar anécdotas", lo que provocó la más hermosa de sus sonrisas, lo que era sorprendente dado que Fernanda era una mujer no muy acostumbrada a reírse así de sincera. Cuando Fernanda se reía no se le veían bien los ojos, se le tapaban con sus largas y negras pestañas, y casi nunca abría la boca para reírse, se reía más bien con los labios. A Alonso le encantaba eso.

Alonso fue el último en integrarse al grupo. La historia del grupo es bien simple: Carmen y Anselmo tenían la inquietud de formar un grupo, algo así como el club de la serpiente cortazariano, así que empezaron a reunirse ellos dos solos. Luego se les unió Fernanda, que era amiga de Carmen hace algunos años. En otra ocasión diremos más sobre esa extraña amistad entre esas dos fuertes mujeres. Estando ellos tres ya se podía hablar de un grupo. Fernanda un día trajo a Gustav, un mochilero uruguayo que había llegado hacía menos de un mes a Valparaíso, en ese tiempo "andaban", aunque les duró poco esa relación. Después llego Alonso, que era el hermano de un amigo del colegio de Anselmo. Fue Alonso el que propuso que el grupo se llamara "cenáculo", al estilo del cénacle de la biblioteca de Arsenal de París, bastión del romanticismo francés. El resto estuvo de acuerdo, por el momento. "Quizás habrá que pulir un poco más el nombre, pero me gusta" dijo Carmen en aquella ocasión. "Dale, sólo nos falta un Manifiesto ahora" dijo Gustav, que parecía bien entusiasmado con la idea. "Hay por ahí unos manuscritos que tenemos que pueden servir de Manifiesto, al menos para comenzar" dijo Carmen, provocando el pudor de Anselmo. Alonso sólo los miraba, con rostro tranquilo, contento de haber completado el nuevo cenáculo de lectores y escritores malditos.

4 comentarios:

newaverock dijo...

creo que hay muchos "alonsos" en este mundo esparcidos en los cuatro puntos cardinales

Cantante Calva dijo...

Es como si hubieras tomado a un personaje de esos con los que imagino que podría estar como modelo para escribir sobre "Alonso".
¡Saludos!

Anónimo dijo...

recordé la pluma rayuelesca cuando leí



"Nunca te llevé a que madame Leónie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí,porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenias dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro"

saludos

A

Anónimo dijo...

Hola Jose
Hace tiempo que leía tus post pero nunca me daba el animo de escribirte. pero ahora lo hago por dos razones
1.-Porque siempre tu me escribes
2 y mas importante. Porque aunque suene extraño, para que el otro sepa las cosas que uno le quiere decir es necesario decírselas....

Podríamos juntarnos un día, a conversar, no necesariamente con mas gente. Conversar de la vida y la música. Va pasando el tiempo y las relaciones de amistad se tienen que alimentar...

Bueno, como se,a ojala que estes bien, estamos hablandoo...