10.7.08

Complicidades


Amanecieron abrazados esa mañana de domingo, sintiendo aún el sabor de sus besos, sintiendo aún el cosquilleo en el estómago, un poco por los nervios pero también por el exceso de cerveza y comida chatarra. Anselmo abrió los ojos, y vio a su mejor amiga durmiendo, o tal vez fingiendo que dormía, y se le ocurrió que quizás ella se había despertado antes y lo había estado mirando de la misma forma. Pero no. Ella aún dormía. "Terrible es todo ángel", recordó Anselmo. La idea lo atormentó un rato, hasta que la flojera y el calor de su amiga lo volvieron a sumergir en el mundo de arena.

Carmen se despertó al poco rato, y vio a su amigo profundamente dormido. Sintió una indescriptible dicha de sólo verse allí, en medio de su íntimo amigo y el resto del mundo, tapada con su brazo fuerte y con el chal rojo que tenía desde la niñez lejana. La sensación de dicha sólo era opacada por su aliento amargo y por su ya clásica e incontrolable sed matutina. Necesitaba un poco de agua, y de aire, y estirar las piernas adormecidas.

Se levantó y dio algunas vueltas por su cuarto, sin hacer nada en particular, salvo sonreir con travesura. Puso algún disco de Coltrane y se sentó en la cama, mirando a Anselmo, justo cuando él abrió los ojos, seguramente emocionado por reconocer My Favourite Things, y esos vientos maravillosos del free jazz. Sonrió y pensó que estaba en lo cierto al pensar que ella se había despertado antes, seguramente evadiendo toda lógica temporal, que en esos ratos no haría más que despejar las dulces interrogantes de su alma excesivamente llena de fábula.

"Buenos días, señorita" le dijo. Ella respondió con un beso frío y húmedo, no de saliva pero sí de agua de la llave. Porque la humedad de la saliva es más tibia. Se besaron casi toda la mañana, como recuperando el tiempo perdido. Ambos pensaron en esos innumerables "casi". Al fin hacían lo prohibido, al fin superaban el miedo de arruinar su amistad, y a su vez se les abría un inmenso horizonte de nuevas sensaciones, mezclas de culpabilidad y sosiego y tranquilidad y ganas de quedarse acostados toda la mañana. En realidad ya no quedaba mucha mañana. Lo mejor sería ir a la feria y comprarse algunas verduras para su almuerzo, y tal vez alguna chuchería inservible pero linda.

Así pasaron los días. No hicieron más que darse besos, como si no sintiesen la necesidad de nada más. Y, de hecho, por el momento, no sentían la necesidad de nada más. Pero se besaban a escondidas, como si tuviesen miedo del qué-dirán, como si a alguien más le importara en lo más mínimo su sencillo y altamente predecible affaire. Seguían haciendo las mismas cosas que siempre hacían, re-buscar en los vinilos de las tiendas de antigüedades de la calle Colón, estornudar un rato viendo libros usados, flanear, caminar si rumbo por el Almendral, subir algún cerro que no tuviesen en su memoria y hablar con las personas que atienden los negocios de barrio, o que pasean a sus mascotas, o que simplemente están allí sentados en algún escalón de alguna esquina viendo la vida pasar. Además de eso, su amistad no cambió notoriamente. Pero por dentro, comenzaron a sentir todo un universo de nuevas cosas.

Cada día llegaban a la casa de Carmen, y apenas cerraban la puerta comenzaban a besarse. Cada día los besos tenían más pasión. Pero no pasaban de eso. Su amor era inteligente, moderado, quizás demasiado paciente, quizás aún muy poco pasional.

Ambos sabían que todo lo que estaban viviendo tendría que, necesariamente, ser conversado en algún momento, pero los dos le hacían el quite a la conversación seria, y preferían seguir con sus vidas normales. Después de todo, hoy en día ya nadie "pololea", ni siquiera "anda"... entonces, para qué pensar en algo como eso... pero lo pensaban, en el fondo ambos lo pensaban...

Una lluviosa tarde del mes de mayo los obligó a hablar con franqueza. Fueron a tomarse un café a algún oscuro sitio de calle Esmeralda, gastándose los últimos peniques que quedaban en un gusto divino que ambos tenían como una cuasi-adicción. Anselmo notó que Carmen lo miraba con otros ojos. De hecho, sus redondos ojos negros brillaban mientras lo miraban fijamente tomarse su expresso doble. También se dio cuenta que él mismo la miraba con otros ojos. Se miraron los labios, se tomaron las manos, se sintieron el uno al otro como tantas veces pero de una forma tan distinta. Se desearon como dos adolescentes (que, de hecho, casi eran)

Llegaron a la casa de Carmen a eso de las ocho, con un poco de hambre y sobre-estimulados por la cafeína. Ni siquiera se dieron el tiempo de poner algún disco, y eso que Anselmo venía pensando en escuchar The Art Ensemble of Chicago. Carmen entró al baño, y mientras se peinaba frente al espejo se preguntó a sí misma si Anselmo se sentía atraído hacia ella. Lógicamente, si preguntaba, las palabras sobrarían, así que lo quiso comprobar de la mejor forma en que saben comprobar algo el género femenino: empíricamente. No perdería el tiempo hablando algo que sólo puede expresarse con el lenguaje corporal, y menos con Anselmo que le gustaba tanto analizarlo todo y darse tremendas explicaciones de cosas tan simples. Salió del baño y vio que Anselmo estaba ahí parado, como estatua, esperandola, mirandola con la cabeza un poco agachada hacia adelante. Sus ojos se veían oscuros, casi sin que se notara la parte blanca; Carmen podía sentir su respiración, incluso a unos dos metros de distancia. Respondió sus dudas con esa mirada. Y miró de vuelta, y lo besó, como corolario de una tarde llena de ternura y deseo, de miradas furtivas y de cálidas necesidades.

Habían pasado casi dos meses desde que se besaron por primera vez. Se desvistieron el uno al otro con lentitud, con un poco de ansiedad y, por cierto, con gran curiosidad. Anselmo se dio cuenta de que, al contrario de lo que siempre había pensado, nunca había mirado a Carmen como alguien asexuado, sino que siempre la había visto como una mujer, una hermosa mujer que quisiera haber tenido a su lado. Ella, en tanto, no pensaba mucho, sólo actuaba, con ese instinto felino que le afloraba a veces, con ese impulso selvático que en esta ocasión sorprendía tanto a Anselmo.

Decir que el sexo fue lo que realmente comenzó su relación sería caer en una simplificación exagerada, en un reduccionismo injusto, y tal vez en una actitud insensible y materialista. Pero, sin duda, fue lo que gatilló una serie de conversaciones, todas ellas basadas en el eterno y tan típico problema de la definición de una relación. ¿Qué eran? ¿Qué cosa habían empezado casi sin quererlo pero deseandolo desde lo profundo? ¿Qué caja de Pandora habían abierto? ¿Qué camino sin retorno habían tomado esta vez?

Está demás decir que la primera vez que hicieron el amor fue casi de cuentos. Apasionada, extenuante, tierna, conmovedora, cariñosa, cálida, excitante, amorosa... a ambos les faltaban palabras para describir todo lo que había sentido, y seguían sintiendo allí tirados, atravesados en la cama de una plaza y media de Carmen. Se quedaron largo rato acostados, abrazados, pensando en lo que acababan de hacer, y en la nueva puerta que habían abierto... "terrible es todo ángel"... sintiéron miedo... miedo de perderse el uno al otro, miedo de no volver a ser lo que eran antes, miedo de comenzar una fatigosa relación, miedo de enamorarse demasiado...

"Sin riesgo no hay logro" pensó británicamente Anselmo (y su completo estoicismo no pasó desapercibido en su permanente diálogo interno, dispuesto a surgir en cualquier momento en sus constantes conversaciones consigo mismo). Después de todo, nadie había fabricado lo que les había ocurrido. Simplemente pasó, sin explicación racional aparente. La estudiosa Carmen esta vez no tenía palabras elegantes para explicar lo que había ocurrido. Ni Goethe ni Fromm le ayudarían esta vez. Sus ideas se le confundían. Sus recuerdos iban y venían, como hojas secas en medio del vendaval, y se llenaban sus ojos de imágenes tristes, de congojas pretéritas, de ansiedades perdidas en el tiempo, revividas sólo con el placer carnal. Lloró sin poder siquiera evitarlo. De sus ojos brotaron saladas lágrimas de niña, sincera e inesperadamente, con un llanto tan penoso que casi hace llorar también a Anselmo (y lo hubiera hecho de no ser por ese absurdo código masculino que tenía, ocasionado claramente por la presión de su crianza machista). Una lágrima que salió de su ojo derecho, que fue el primero en llorar, recorrió toda su mejilla y fue a parar a su boca, justo cuando Anselmo la besó tiernamente, y esa unión de labios y lágrima estableció un vínculo sagrado, el inicio de una complicidad más allá de todo entendimiento, el comienzo de una serie de noches llenas de deseo y finalizadas por lágrimas que provenían desde lo más profundo de la memoria de Carmen, producto de una serie de recuerdos que venían de pronto a su mente luego del extasis, que la hacían llorar irremediablemente en los brazos de su amigo-amante, que no sabía por qué pero la entendía. En el fondo Anselmo la entendía, aunque no tuviese la más remota idea de lo que pasaba por su mente, porque ella jamás contaba sus penas.

El problema de definición ya estaba resuelto. Eran "cómplices", compañeros de viaje, un par de mimos en un país de colores. Se tenían el uno al otro, y eso era lo importante. Dejaron de sentir miedo de comenzar algo que, en realidad, ya habían comenzado, y se dejaron llevar, como un barco de papel por los canales interminables formados por la lluvia, se dejaron llevar por un sentimiento nuevo pero a la vez antiguo, que cada día tomaba nuevos matices, uniendo cada vez más sus jóvenes destinos, al mismo tiempo que unía sus latidos en explosiones de efervescencia y complicidad.

7 comentarios:

Cantante Calva dijo...

Me gusta la parte en la que te refieres a la "forma empírica del sexo femenino" para comprobar las cosas, nunca me había dado cuenta de esa característica (a veces defecto).
Es increíble, todo esto es realmente una selva...

Anónimo dijo...

Hola! gracias por pasar, como siempre muy lindos tus escritos... me gustan. Con respecto a la pregunta, en realidad las fotos se hacen en mi cabeza, y una vez que escribo busco a ver cual se acomoda más con lo que yo pienso... y sale eso...
Abrazo!

Anónimo dijo...

Si, no es un método, mucho menos el mío, yo escribo y si veo alguna foto que tenga que ver la pongo, de todas formas sería un reto si a mi me gustara sacar fotos, pero como no es así.. no lo hago. Siiii los blogs de las personas que firman son muy interesantes!

Anónimo dijo...

me gustó Julie Doiron
:)

Unknown dijo...

disculpa que no comente tu relato, pero ando apurado... el miercoles se viene batman, con todo, aunque a la nicole y la magda no les guste y piensen que es una mala pelicula...

ARRIBA LA VIOLENCIA INNECESARIA, INJUSTIFICADA Y CARENTE DE SENTIDO!

Anónimo dijo...

me encanto como lo escribiste =)

solo me causa un poco de risa eso de ser "complices", como que la palabra "pololo" fuese demasiado mundana para nombrar una relacion, incluso decir "Novios" suena mejor.

Pero son sólo palabras al fin y al cabo, no?

Tru Jo dijo...

Jose:

Me gusta más "todo angel es terrible" (hay que recordar que la sintaxis del alemán no es igual a la nuestra y eso es algo que muchos traductores de Rilke olvidan)

Lo de "compañeros de viaje" es algo que me hace demasiado sentido (sabes por qué)

Es lindo saber que leo tus letras y aún te entiendo en términos familiares, me da gusto, amiguito.

Acuerdate de mi si pasas por Chiloé, y escribe, aunque sea de vez en cuando. Siempre es bueno saber de tí...