Meditaciones, Parte 1
Pensar en la vida, como un tópico poético-filosófico e incluso científico, es una actividad tan antigua como la historia humana. Decir que la vida es un comienzo o un final, que es la expresión de una vida paradisíaca, que es una preparación para otra vida, que es un castigo o que es un premio, han sido sólo algunas de tantas interpretaciones sobre la existencia. Hoy en día se tiene por cursilería pensar en la vida. También se tiene por cursilería expresar los sentimientos, creo que porque ya se han manoseado tanto las palabras que al final su significado ha perdido fuerza y sustancia. El lenguaje no es algo extático: el lenguaje muta. Además, la vida abarca tantas cosas que siempre cuesta abordar una perspectiva desde donde principiar cualquier explicación, ya sea mística o racionalista. ¿Qué es la vida? Difícil pregunta.
La vida está relacionada directamente con la Existencia: la vida se conecta con el espacio-tiempo propio del devenir humano. Implica las funciones fundamentales del ser humano (desde respirar hasta cualquier acción más compleja) como acción o reacción ante su ambiente. Como decía Ortega y Gasset, el hombre es él y sus circunstancias. El contexto es primordial para cualquier interpretación sobre la vida. Ahora bien, decíamos, la vida es Existencia. Los alemanes (los señores H, infaltables) postulaban el dasein, el ser-aquí, y este pensamiento se relaciona directamente con la Experiencia. La vida, entonces, es Existencia a través de la Experiencia. En este teorema que hemos señalado, ¿qué papel juega la Decisión? Otra pregunta compleja, como cualquier interrogante que surge de pensar la vida.
La Decisión es algo así como un "nodo" que conecta las diferentes líneas que conforman la Experiencia y, por tanto, la Existencia. Ésta es un teorema que, en lugar de constituirse de axiomas, cuenta con un sinfín de acciones. Y si está conformado por acciones, también lo está de no-acciones. En suma, este teorema se conforma de Posibilidades, tanto ejecutadas como no ejecutadas. La Decisión es el impulso determinante de la Posibilidad, es el punto de inflexión que da paso desde el pensamiento a una acción (o no-acción). La vida está llena de Posibilidades, o de proyectos de acciones concretas: pero se requiere de la participación del ser humano en el curso de esta red compleja, para que estas Posibilidades salgan del terreno de lo abstracto y penetren el mundo de lo concreto. Y esa participación se inicia, en cualquier caso, a través de la Decisión.
Al decidir, optamos por una línea de Posibilidad, que convive con un sinfín de otras líneas, hasta el momento en que decidimos y desechamos todas esas otras líneas a favor de ésta, provocando una Acción (que implica acción o no-acción, ya lo hemos señalado). Sin embargo, las Posibilidades descartadas no dejan de existir, sino que siguen existiendo e influyendo desde otra dimensión no menos importante: la Memoria. Es debido a la Memoria que podemos juzgar, llegado el momento, si nuestra Decisión fue la correcta o no, en suma, si es que reafirmamos nuestra Decisión o nos arrepentimos de ella.
La Memoria es también Experiencia. Pero no es la misma Experiencia que significa vivir; es la Experiencia que significa haber vivido, haber experimentado, en suma, conocer. Es bien sabido que el mejor conocimiento es el que se adquiere por la Experiencia, de primera mano si se quiere. Los seres humanos no vivimos al margen de la Memoria, como vivían los inmortales del cuento de Borges, sino que ella nos determina a cada instante. La Memoria determina nuestras acciones casi tanto como el Deseo. El Deseo se refiere a la necesidad, desde cuestiones básicas para la sobrevivencia (como el alimento, el sexo, el calor) hasta objetos añadidos relacionados más con el lujo y el confort; el Deseo, en suma, es la fuerza ulterior que nos mueve, que nos motiva a hacer lo que hacemos, a buscar lo que buscamos, a pensar lo que pensamos. Y, como decíamos, el Deseo actúa en conjunto con la Memoria. Esta relación es la que podría explicar el modelo de ensayo-error.
En fin, la Existencia se realiza a sí misma a través de la Experiencia, que es Acción pero también Memoria, que es Presente a la vez que Pasado. Ahora bien, ¿qué ocurre con el Futuro? La Memoria, como es lógico, también determina nuestro Futuro. El Tiempo suele dividirse en tres partes, pasado-presente-futuro, sin embargo, el Tiempo sólo existe de manera simultánea: no existe a través de tres dimensiones o momentos distintos, sino que existe como uno solo. El ser humano, a través del Lenguaje (que lo interpreta la realidad e incluso crea nuevas realidades) divide las realidades en ámbitos con un fin didáctico: entender el todo a través de las partes. Lo cierto es que entendemos el Tiempo sólo a través de nuestra Existencia. Porque existimos dentro de un contexto: dentro de un tiempo y un espacio definidos, y éstos determinan cualquier Acción humana.
Desde una visión simplista, el Presente se expresa a través de la Acción, el Pasado a través de la Memoria, y el Futuro a través de la Posibilidad. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. Como el Tiempo es un solo, y los diferentes tiempos se dan en forma simultánea, la Memoria y la Acción y la Posibilidad actúan como una sola cosa, determinando la Existencia humana. No es cierto que los seres humanos existimos sólo en el presente: existimos en el Tiempo. Y este simple pensamiento nos abre un sinnúmero de nuevas apreciaciones.
Por ejemplo, veamos lo que significa viajar en el tiempo. Probablemente tenemos en nuestra cabeza la idea de que los viajes en el tiempo se realizan a través de una "nave" o vehículo que tiene la capacidad de atravesar el tiempo a placer, trasladándose hacia algún instante del pasado o del futuro. Sin embargo, si el Tiempo es uno solo, ¿cómo podemos realizar viajes temporales? En otras palabras, ¿cómo podemos movernos desde el Presente hacia el Pasado o hacia el Futuro, siendo que el Tiempo es simultáneo y Presente, Pasado y Futuro en realidad son una sola y misma cosa llamada Tiempo? Pues, diría el buen lector, nos moveríamos simplemente a otro punto dentro de esta línea llamada Tiempo, no importa el nombre que le demos, y esa sería una explicación bastante razonable. Ahora bien, sumemos una nueva variable a este ejercicio: el Tiempo y el Espacio son, en realidad, dos partes de un todo, dos ámbitos de una misma cosa. El Espacio y el Tiempo son dos aspectos del todo que rodea a la Existencia: son el Contexto en el que se desenvuelve el ser humano. La distancia, por ejemplo, no es otra cosa que el Espacio vinculado al Tiempo; el Espacio-Tiempo es uno solo, es el cinto de Moebius, es la amalgama en la que nada todo lo que existe. Si viajamos en el tiempo, también viajamos en el espacio. Si nos movemos unos metros, también nos movemos unos minutos. Así de simple.
Si pudiésemos viajar en el Tiempo, no viajaríamos dentro de un mismo Tiempo, que es uno solo y simultáneo, sino que viajaríamos a otro Tiempo y, por tanto, a otro Espacio. En otras palabras, viajaríamos a través de otras Posibilidades, Acciones y Decisiones. Físicamente esto se explica a través de la oposición de dos espejos, puestos uno en frente del otro: las posibilidades son infinitas, como infinitos son los tiempos y espacios. Pero los seres humanos aún estamos adscritos a un solo Tiempo y Espacio.
El intelecto, es decir, la capacidad humana de leer la realidad, nos permite viajar en el tiempo, ya sea hacia lo que ya ha sido a través de nuestra Memoria, o de lo que será a través de nuestra Lógica. Comprendemos que determinadas acciones conllevan a determinadas reacciones. Es cierto, podemos errar vislumbrando el Futuro, pero este no es un error demasiado costoso considerando que de todas formas no tenemos la total certeza de lo que acontecerá en el mañana. En otras palabras, si pensamos en las infinitas Posibilidades que conforman este teorema llamado Existencia, quizás comprenderemos que viajar en el Tiempo en realidad quiere decir repasar una gran cantidad de Experiencia y de Posibilidades guardadas y proyectadas dentro de nuestro cerebro.
La vida es Existencia a través de la Experiencia, la que está determinada por el Espacio-Tiempo o contexto, y que llega a ser a través de nuestra Acción o no-acción, que comienza a ser a través del Deseo y de la Memoria y que materializa una de infinitas Posibilidades escritas en un tejido abstracto que entendemos por teorema de la Existencia. Hasta aquí está todo claro, pero pensemos por un momento que todo esto que hemos explicado e interpretado sólo es posible debido a que existe algo que se llama raza humana que piensa y actúa en función de este teorema; qué pasaría si no existiese una raza humana que pensara ni actuara dentro de esta dimensión. Pues no existiría ninguna de estas cosas, porque es a través del Lenguaje y el pensamiento que llegan a existir estas dimensiones, que son lectura de la realidad que realiza el ser humano. Quedan dos posibilidades: que simplemente no existan porque no son pensadas, o que exista otra raza similar a la humana que piense también en la vida, probablemente desde otras perspectivas inimaginables; en cualquier caso, sería un ámbito que difícilmente podríamos siquiera sondar, puesto que sólo existimos adscritos a lo que conocemos.
La vida está relacionada directamente con la Existencia: la vida se conecta con el espacio-tiempo propio del devenir humano. Implica las funciones fundamentales del ser humano (desde respirar hasta cualquier acción más compleja) como acción o reacción ante su ambiente. Como decía Ortega y Gasset, el hombre es él y sus circunstancias. El contexto es primordial para cualquier interpretación sobre la vida. Ahora bien, decíamos, la vida es Existencia. Los alemanes (los señores H, infaltables) postulaban el dasein, el ser-aquí, y este pensamiento se relaciona directamente con la Experiencia. La vida, entonces, es Existencia a través de la Experiencia. En este teorema que hemos señalado, ¿qué papel juega la Decisión? Otra pregunta compleja, como cualquier interrogante que surge de pensar la vida.
La Decisión es algo así como un "nodo" que conecta las diferentes líneas que conforman la Experiencia y, por tanto, la Existencia. Ésta es un teorema que, en lugar de constituirse de axiomas, cuenta con un sinfín de acciones. Y si está conformado por acciones, también lo está de no-acciones. En suma, este teorema se conforma de Posibilidades, tanto ejecutadas como no ejecutadas. La Decisión es el impulso determinante de la Posibilidad, es el punto de inflexión que da paso desde el pensamiento a una acción (o no-acción). La vida está llena de Posibilidades, o de proyectos de acciones concretas: pero se requiere de la participación del ser humano en el curso de esta red compleja, para que estas Posibilidades salgan del terreno de lo abstracto y penetren el mundo de lo concreto. Y esa participación se inicia, en cualquier caso, a través de la Decisión.
Al decidir, optamos por una línea de Posibilidad, que convive con un sinfín de otras líneas, hasta el momento en que decidimos y desechamos todas esas otras líneas a favor de ésta, provocando una Acción (que implica acción o no-acción, ya lo hemos señalado). Sin embargo, las Posibilidades descartadas no dejan de existir, sino que siguen existiendo e influyendo desde otra dimensión no menos importante: la Memoria. Es debido a la Memoria que podemos juzgar, llegado el momento, si nuestra Decisión fue la correcta o no, en suma, si es que reafirmamos nuestra Decisión o nos arrepentimos de ella.
La Memoria es también Experiencia. Pero no es la misma Experiencia que significa vivir; es la Experiencia que significa haber vivido, haber experimentado, en suma, conocer. Es bien sabido que el mejor conocimiento es el que se adquiere por la Experiencia, de primera mano si se quiere. Los seres humanos no vivimos al margen de la Memoria, como vivían los inmortales del cuento de Borges, sino que ella nos determina a cada instante. La Memoria determina nuestras acciones casi tanto como el Deseo. El Deseo se refiere a la necesidad, desde cuestiones básicas para la sobrevivencia (como el alimento, el sexo, el calor) hasta objetos añadidos relacionados más con el lujo y el confort; el Deseo, en suma, es la fuerza ulterior que nos mueve, que nos motiva a hacer lo que hacemos, a buscar lo que buscamos, a pensar lo que pensamos. Y, como decíamos, el Deseo actúa en conjunto con la Memoria. Esta relación es la que podría explicar el modelo de ensayo-error.
En fin, la Existencia se realiza a sí misma a través de la Experiencia, que es Acción pero también Memoria, que es Presente a la vez que Pasado. Ahora bien, ¿qué ocurre con el Futuro? La Memoria, como es lógico, también determina nuestro Futuro. El Tiempo suele dividirse en tres partes, pasado-presente-futuro, sin embargo, el Tiempo sólo existe de manera simultánea: no existe a través de tres dimensiones o momentos distintos, sino que existe como uno solo. El ser humano, a través del Lenguaje (que lo interpreta la realidad e incluso crea nuevas realidades) divide las realidades en ámbitos con un fin didáctico: entender el todo a través de las partes. Lo cierto es que entendemos el Tiempo sólo a través de nuestra Existencia. Porque existimos dentro de un contexto: dentro de un tiempo y un espacio definidos, y éstos determinan cualquier Acción humana.
Desde una visión simplista, el Presente se expresa a través de la Acción, el Pasado a través de la Memoria, y el Futuro a través de la Posibilidad. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. Como el Tiempo es un solo, y los diferentes tiempos se dan en forma simultánea, la Memoria y la Acción y la Posibilidad actúan como una sola cosa, determinando la Existencia humana. No es cierto que los seres humanos existimos sólo en el presente: existimos en el Tiempo. Y este simple pensamiento nos abre un sinnúmero de nuevas apreciaciones.
Por ejemplo, veamos lo que significa viajar en el tiempo. Probablemente tenemos en nuestra cabeza la idea de que los viajes en el tiempo se realizan a través de una "nave" o vehículo que tiene la capacidad de atravesar el tiempo a placer, trasladándose hacia algún instante del pasado o del futuro. Sin embargo, si el Tiempo es uno solo, ¿cómo podemos realizar viajes temporales? En otras palabras, ¿cómo podemos movernos desde el Presente hacia el Pasado o hacia el Futuro, siendo que el Tiempo es simultáneo y Presente, Pasado y Futuro en realidad son una sola y misma cosa llamada Tiempo? Pues, diría el buen lector, nos moveríamos simplemente a otro punto dentro de esta línea llamada Tiempo, no importa el nombre que le demos, y esa sería una explicación bastante razonable. Ahora bien, sumemos una nueva variable a este ejercicio: el Tiempo y el Espacio son, en realidad, dos partes de un todo, dos ámbitos de una misma cosa. El Espacio y el Tiempo son dos aspectos del todo que rodea a la Existencia: son el Contexto en el que se desenvuelve el ser humano. La distancia, por ejemplo, no es otra cosa que el Espacio vinculado al Tiempo; el Espacio-Tiempo es uno solo, es el cinto de Moebius, es la amalgama en la que nada todo lo que existe. Si viajamos en el tiempo, también viajamos en el espacio. Si nos movemos unos metros, también nos movemos unos minutos. Así de simple.
Si pudiésemos viajar en el Tiempo, no viajaríamos dentro de un mismo Tiempo, que es uno solo y simultáneo, sino que viajaríamos a otro Tiempo y, por tanto, a otro Espacio. En otras palabras, viajaríamos a través de otras Posibilidades, Acciones y Decisiones. Físicamente esto se explica a través de la oposición de dos espejos, puestos uno en frente del otro: las posibilidades son infinitas, como infinitos son los tiempos y espacios. Pero los seres humanos aún estamos adscritos a un solo Tiempo y Espacio.
El intelecto, es decir, la capacidad humana de leer la realidad, nos permite viajar en el tiempo, ya sea hacia lo que ya ha sido a través de nuestra Memoria, o de lo que será a través de nuestra Lógica. Comprendemos que determinadas acciones conllevan a determinadas reacciones. Es cierto, podemos errar vislumbrando el Futuro, pero este no es un error demasiado costoso considerando que de todas formas no tenemos la total certeza de lo que acontecerá en el mañana. En otras palabras, si pensamos en las infinitas Posibilidades que conforman este teorema llamado Existencia, quizás comprenderemos que viajar en el Tiempo en realidad quiere decir repasar una gran cantidad de Experiencia y de Posibilidades guardadas y proyectadas dentro de nuestro cerebro.
La vida es Existencia a través de la Experiencia, la que está determinada por el Espacio-Tiempo o contexto, y que llega a ser a través de nuestra Acción o no-acción, que comienza a ser a través del Deseo y de la Memoria y que materializa una de infinitas Posibilidades escritas en un tejido abstracto que entendemos por teorema de la Existencia. Hasta aquí está todo claro, pero pensemos por un momento que todo esto que hemos explicado e interpretado sólo es posible debido a que existe algo que se llama raza humana que piensa y actúa en función de este teorema; qué pasaría si no existiese una raza humana que pensara ni actuara dentro de esta dimensión. Pues no existiría ninguna de estas cosas, porque es a través del Lenguaje y el pensamiento que llegan a existir estas dimensiones, que son lectura de la realidad que realiza el ser humano. Quedan dos posibilidades: que simplemente no existan porque no son pensadas, o que exista otra raza similar a la humana que piense también en la vida, probablemente desde otras perspectivas inimaginables; en cualquier caso, sería un ámbito que difícilmente podríamos siquiera sondar, puesto que sólo existimos adscritos a lo que conocemos.
1 comentario:
también existe la melancolia veraniega.
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