31.1.07

Nueces (Parte I)

Su cuerpo gira y se contrae, como si siguiera el ritmo de la música que tengo en mi cabeza. Su cuerpo ahora está quieto, sus muslos están tapados con la sábana y su cabello reposa enredado sobre la almohada. Habíamos oído mil canciones esa noche, y bebimos una botella de vino local. Mis ojos me ardían y me levanté presuroso mientras ella todavía dormía. Después de mojarme la cara tomé un vaso de agua, lo que me produjo un asco terrible. Volví a su lado y dormí un poco. La resaca era de antología. La música jamás se detiene. Los duendes jamás dejan de bailar en cada uno de los cuentos que aún no he escrito. Me despierto. Abro un ojo, abro el otro. Pongo un pie en el suelo, vuelvo a meterlo a la cama. Qué hora es; las dos de la tarde. Hace calor afuera (debería haber lavado hoy) me imagino agua, una piscina para mi solo, agua helada para detener este calor infernal. Imposible segur durmiendo; pero el calor no parece afectarle a ella, y su sueño nunca es interrumpido. O es que acaso ella finge estar dormida, y sabe que la estoy mirando, y puede escuchar la música que hay en mi cabeza y siguiendo el ritmo se retuerce con flojera. No, ella no la escucha, pero está despierta, su respiración es distinta, algo más agitada, como sofocada; ya notó el calor. Me dice algo, pero no le entiendo; tampoco le pregunto qué dijo. Casi siempre pasa lo mismo, ella murmura algo inentendible y yo no hago nada por averiguar qué es, yo creo que porque estoy dentro de mí mismo todo el tiempo, aunque ella dice que es por puro egoísmo. La cosa es que ella se da la vuelta hacia donde estoy yo, me abraza con sus piernas y apoya su cabeza en mi pecho. Le encantan mis latidos, y jugar con sus dedos en mi pecho y permanecer apoyada sobre mí, hacer dibujos imaginarios en mi piel y luego borrarlos para volver a hacer otros, y así interminablemente, hasta que de pronto se pone de pie, súbitamente, y va a hacer cualquier cosa. Estoy totalmente seguro que nunca tiene algo específico en mente cuando se pone de pie; creo que lo decide cuando va por ahí caminando. Ahora, todavía está apoyada. Se pone a silbar algo conocido, pero que no logro identificar con exactitud. Yo sigo el ritmo con mi mano izquierda sobre su hombro. Jugamos con los pies un rato, hasta que el calor se hace tan insoportable que nos obliga a levantarnos. Me paro y le traigo un vaso de agua. Después de beber me da un beso, helado y mojado, que de verdad disfruto intensamente. Nos volvemos a acostar. Smooth. Su estómago hace ruidos y nos reímos. Hay que comer algo. No tenemos nada, por lo que estamos obligados a ir a comprar algo. No queda otra alternativa. Hay que levantarse. Nos vamos calle abajo hasta una verdulería, y llenamos dos bolsas con paltas y lechugas. Se nota que no hay ninguna planificación sobre qué comer. Yo me desvío a comprar unas nueces. Caminamos por una calle de piedra; ella comienza un juego estúpido de empujarme y escapar, pero siempre la alcanzo y la abrazo fuerte para que no se mueva, la levanto en el aire y la vuelvo a dejar en el suelo varias veces. Son las cinco. Tengo hambre. Comemos una ensalada de palta con lechuga. La encuentro deliciosa. Luego vamos al parque a comernos las nueces. Comienzo a cantar algo, y pronto lo convierto en una actuación de conquista, dirijo mi mirada hacia sus ojos y me muestro caballero, le canto de cerca y ella permanece callada y con una risa maliciosa en su rostro. Nos abrazamos acostados en el césped, se me cae la bolsa de nueces y tenemos que recolectarlas una por una. Ya comienza a hacer frío. Estos días de verano duran demasiado poco.

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