1.2.07

Carruseles (Parte I)

El pequeño Jaime se fue a vivir a su casa en el árbol el día en que sus padres se separaron. Antes de eso, era todo peleas y portazos. Su madre parecía una de esas viejas locas que se encierra todo el día sin dirigirle palabra nunca a nadie. Su padre era uno de esos tipos a los que les gusta beber y ver partidos con los amigos. Claramente, no concordaban en nada. Lo única que tenían en común era su hijo, y ciertos lugares comunes en el pasado.

El día en que los padres de Jaime se separaron, a él no pareció importarle. Después de todo, casi nunca le prestaban atención. El pobre Jaime aprendió a educarse a temprana edad, y no porque fuera un niño más avanzado que el resto, sino porque la vida lo obligó a hacerlo. El día de la separación fue una locura. La nana de Jaime permaneció callada, pese a que sus deseos no eran precisamente que el padre se fuese de la casa. Sin embargo, el tipo empacó unas cuantas cosas y se marchó. El arreglo del abogado era que tres días a la semana Jaime era de la madre, y otros tres días era del padre. Un día de la semana era para Jaime un día libre, libre de sus padres y sus rencillas.

Cada vez que llegaba el padre a buscarlo se armaba una horrible pelea en casa. Jaime veía todo desde la ventana de su casa en el árbol. Lloraba en silencio. Todos los días la nana le iba a dejar comida a la casa en el árbol. Jaime había aprendido a hacer su vida allí arriba, lejos de sus padres y sus peleas. No entendía por qué razón su madre discutía tanto con su padre cuando éste lo venía a ver, si después cuando éste se iba ella no era capaz de interesarse por Jaime, y prácticamente se olvidaba del pobre niño. Definitivamente, su madre sólo necesitaba pelear con alguien.

Eran tantos los problemas cada día con la tuición compartida, que Jaime comenzó a desear que todos los días fuesen martes, que era su día libre, libre de sus padres. Un martes en la noche, Jaime soñó con carruseles, que giraban y giraban sin detenerse, pero nadie estaba arriba, y Jaime estaba abajo y sólo miraba el carrusel dando vueltas hasta que decidía ir a subirse al carrusel y se encontraba con un hada, una extraña criatura de formas femeninas con dos alas de insecto, que revoloteaba alrededor de todo el sueño. El hada le ofreció a Jaime cumplirle un deseo. Sin pensarlo dos veces, Jaime pidió que todos los días fuesen martes. El sueño desapareció, el hada se esfumó y Jaime despertó.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Q triste la historia.....

Luego de reflexionar un poco,l llegue a la conclusion que:
Todo es culpa de la maldita hada, no debía haber cumplido ese deseo, si lo que queria el niño era no ver pelear a sus padres, no que todos los dias fueran martes. deberia haber hecho el curso de hada 2 veces....

Parece que una vez vi una pelicula parecida, donde un tipo todos los dias vivia el mismo dia, era terrible..... pero no me acuerdo de quien es, ni como se llama, ni nada... solo me acuero que la vi..

Espero q estes pasando bien tus vacaciones.


Saludos y nos vemos en marzo...
si no te pillo en el sure

chau!

Profe José dijo...

La idea era construir un cuento infantil, de lenguaje simple, y con alguna moraleja. No sé si este cuento tiene alguna moraleja lógica. En realidad mi mundo es bien ilógico. Para empezar, en mi mundo las hadas existen sólo para cumplir un solo deseo de un niño infeliz, luego de cumplirlo mueren. Por eso el hada jamás volvió a aparecer en el cuento. Y en mi mundo los dioses siguen existiendo, solo que o estan durmiendo o estan de viaje.

Lo que esta en tu mail dijo...

Es un cuento muy lindo, de todas maneras sigo pensando que no fue responsabilidad del hada, ya que como todas las hadas es bien concreta y cumple solo lo que le piden expresamente, okei puede que el niño tampoco sea responsable ya que no tenia por que pensar en las consecuencias.

Asi que de todas maneras el responsable eres tu... jajajajaj
Ya es un broma
Saludos

Anónimo dijo...

Supongo que tu moraleja seria algo asi como "ten cuidado con lo que deseas, se te puede conceder", pero seria arriesgarme demasiado, quizas simplemente lo escribiste y yo soy la que intenta ponerle logica.

Me gusto mucho el cuento, era simple, pero el final dejaba un sabor un tanto amargo.

Javiera

PD: es normal que vea todo en japones? era la idea?