1.2.07

Carruseles (Parte II)

Esa mañana Jaime se sintió extraño. Tenía la constante sensación de ya haber vivido lo que estaba viendo. Tal como el martes anterior, su nana le dejó el desayuno a su alcance. Jaime no bajó del árbol hasta la tarde. Según sus cálculos de niño, era miércoles y tenía que llegar su padre en cualquier momento. Pero nunca llegó. Fue donde su madre, y ella estaba tejiendo el mismo tejido del día anterior, y parecía no haber avanzado en lo absoluto. La madre pareció no notar la presencia de Jaime, como todos los martes en que su tuición no era un problema. El día trascurrió en forma monótona. Jaime decidió ir a dormirse temprano, tal como el día anterior, pensó que quizás mañana las cosas estaría como siempre. Pero no ocurrió así.

Transcurrieron dos mil quinientos cuarenta y dos días desde que Jaime había pedido el deseo, y todos esos días fueron martes. Jaime no había cambiado en nada, no había crecido, y eso que a esa edad los niños crecen rápidamente. Y todos los días, su nana le dejaba el mismo desayuno en la casa del árbol. Y todos esos días eran su día libre de sus padres.

Pronto, Jaime comenzó a aburrirse de que siempre fuese el mismo día. Jaime quería crecer, un día ser tan grande e irse de la casa. Pero tan pequeño como era no podía hacerlo. Jaime ya se había aprendido de memoria todo lo que sucedía en el día. Veía llegar a su nana con el desayuno y sabía en qué momento iba a pestañear, sabía exactamente cuántas veces respiraba, sabía cuántos puntos hacía su madre en el tejido. Sabía que ese día no habría peleas, porque ese día era martes, y el martes era el día libre, libre de sus padres.

Jaime intentó cambiar el día. Quiso hacer cosas distintas, pero no le resultaba, porque todo estaba tan rígidamente establecido, y el tiempo no se puede cambiar, no por un ser humano. Jaime comenzó a notar eso, y se dio cuenta que sólo un hada podría cambiar el tiempo. Jaime quería crecer y viajar por el mundo, lejos de sus padres. No quería ya que fuese siempre martes. Esa noche intentó soñar con el hada, pero el hada no llegaba. Muchas noches de muchos días que siempre fueron martes Jaime soñó con carruseles, y soñó que iba a subirse a uno de ellos, pero el hada no aparecía. Claramente, estaba atrapado en el tiempo.

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