Cuatro Movimientos
- ¿Lo que piensas sobre qué?, ¿Beethoven? Claro, estoy ansioso por escuchar tus teorías musicales – le respondió él, irónicamente.
- Bueno – prosiguió haciendo caso omiso del sarcasmo de su mejor amigo, e insertando un disco añosos en su también añoso tocadiscos – creo que
- Ehmmmm…
- Bueno, todo el juego se acaba tal como empezó, con el mismo gran sonido de entrada, luego de un clímax arrollador, en donde todo se acelera. Definitivamente este tipo juega de una manera increíble con las velocidades. Al terminar oyes de nuevo la parte repetitiva, esa que ya sientes tan familiar. Este Ludwig quiere que la tengas en la mente, ah?
- Uhmmmm… así parece
- Al comenzar el Segundo Movimiento, es todo más desesperante. Claro, todo había terminado muy tranquilo, pero ahora es más rápido, como galopante, con atisbos de pissicato, y nuevas notas tranquilizadoras casi magnánimas. Ah, me acordé del comercial de Revista Ercilla, ¿lo recuerdas? Sí, sí, cómprela ya, y todo eso. Bueno, la cosa es que comienza muy desesperante, y nuevamente el bien triunfa sobre el mal, y lo que predomina luego es la esperanza, es el caballero marchando heroicamente a través de las adversidades. Mira, en esa parte, el caballero cabalga raudo, y ahí se detiene para que su caballo tome agüita, y no sé, se encuentra con su doncella y qué se yo. No sé, creo que puede extrapolarse perfectamente a nuestro diario vivir. La cosa es que es totalmente optimista, y hasta romántica. Casi al final se pone bien melosa, adquiere un ritmo bien suave con las flautas, y recupera el sonido acompasado guiado por las cuerdas, bien galopante. Bueno, y luego, algo típico, vuelves a escuchar el sonido con el que abrió el movimiento. Haz la prueba: ¿logras recordar el repetitivo sonido del Primer Movimiento, ese con el que te sentías tan familiarizado? Obvio que no, ya se te metió este nuevo sonido, el de
- Sí.
- Y esa rapidez contrasta totalmente con el “lento” que viene después, donde el Ludwig le agrega todo el romanticismo a la pieza. El Tercer Movimiento es el más romántico, es como el momento en que el caballero está meditando, ya triunfante de haber matado al dragón o no se qué otra proeza, y se encuentra con la doncella, y qué sé yo…
- Tú todo lo ves con caballeros y doncellas, ¿ah?
- Ya, si era para darte la idea romántica, nada más. Bueno, no sé qué más agregar de este movimiento. Como que toda la energía de los otros movimientos se esfuma, y sólo queda la relajación y satisfacción de este nuevo movimiento. Bien bonita la pieza, como para acostarse en el pasto con los audífonos un rato justo en esta parte.
- Pero si siempre haces eso. ¿De verdad te relaja?
- Obvio.
- Sí, lo sé, si siempre te quedas dormida en el pasto con tus audífonos puestos.
- Ya, deja seguir. El movimiento termina tal como empezó, bien suave y romántico. Y el Cuarto Movimiento es otra cosa, empieza como apuradito, insertando un nuevo ritmo que se te queda pegado durante el resto del movimiento, y como en la mitad se escucha la voz grave del tenor ahí. En este movimiento lo importante es la voz, creo yo. Bueno, sí, la música también es importante, de hecho, la primera vez que lo escuché no tenía la parte de ópera incluida, era pura música, e igual te atrapa bastante. Pero escuchar esas voces tan melódicas, cantando en alemán, eso sí que te atrapa.
- Seguro, no me lo imagino bien sin las voces.
- Ya, continúo. De pronto llegas a la parte más conocida de
- Sí, cuando al tipo este lo hacen ver unos videos de violencia y de fondo se escuchaba esta melodía de Beethoven. Así, cuando logran condicionar al tipo para que sienta asco con la violencia y el sexo, también siente asco cada vez que escucha la melodía de Beethoven.
- Sí, eso mismo. Mira, luego vuelve el sonido ya conocido, ese de la canción de la alegría, pero con mucho más energía, se siente el compás de los tambores y los vientos. Y luego, el coro entero canta gloriosamente, y las voces femeninas dan ese toque angelical tan clásico. Sonidos relajantes y celestiales lo inundan todo. Ah, Anse, esta parte me pone como en trance.
- Sí, así veo. Mira cómo mueves la mano junto con la música – se ríe Anselmo, pero en realidad está disfrutando casi tanto como Carmen de esta excelente música. Ahí están ambos, siguiendo el ritmo con sus pies y manos, ella acostada con su cabeza en el abdomen de Anselmo y con los ojos cerrados, y él moviendo sus Converse graciosamente tratando de seguir el ritmo.
Están un rato en silencio, simplemente escuchando el juego de voces y melodías, extasiándose con tan preciosa música, respirándola, sorprendiéndose con cada cambio, saltando con cada melodías de compases marcados por la percusión, absorbiendo el grand finale.
Luego de un clímax gigantesco, finaliza
- Anse, ¿sabes algo? – le dice Carmen después de un rato de silencio – yo creo que esta sinfonía es como la vida, no sé, como las estaciones de la vida. Bien lo había hecho Vivaldi, eso de nombrar los cuatro movimientos con estaciones del año. En
Anselmo se queda pensando un rato sobre lo que dijo Carmen, aunque en realidad su mente está todavía repasando los ritmos de
- Sí, claro, como la vida. Está llena de ritmos diferentes, que cambian a cada compás, y tienes momentos de desesperación y momentos de paz. Claro, y después de cada clímax quedas agotadísimo sólo queriendo recuperar fuerzas para volver a afrontar tu vida. Sí, hay mucho de eso. Pero quizás Beethoven ni siquiera pensó tanto eso, y lo único que aspiraba era hacer una pieza única, musicalmente hablando.
- Y lo logró.

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