¡Usted alegue cero!
Viajaba esta tarde en un microbús con destino a mi casa, y el conductor iba hablando con una señora a su lado sobre los hijos y la carrera universitaria que quisieran seguir. “Hay que fomentarles lo que ellos quieren estudiar pues, señora” le decía el conductor, “Mi hijo mayor quiso estudiar música. No iba a obligarlo a estudiar ingeniería pues, señora. Hay que fomentarles lo que le gusta más”.
En eso estaban cuando un abuelo de prominentes barbas blancas al otro lado del pasillo le grita “¡Usted no alegue nada! ¡Usted alegue cero!”. Me dio una tentación de risa que apenas pude contener. El anciano al parecer tenía un carácter horrible ese día, y sin remordimiento alguno prosigue su reprimenda hacia el conductor del micro “Y qué pasa si a su hijo no le gustan las mujeres, ah?”. Ahí la risa pudo más que mi voluntad y solté una carcajada contra la ventana, esperando no ser escuchado por el resto de los pasajeros ni menos por el abuelo mal genio.
De pronto sube una de esas vendedoras de útiles inútiles al microbús, y empieza a ofrecer calendarios. Le ofrece uno al abuelo, sin saber lo que le esperaba por respuesta: “¿Y para qué quiero yo uno de esos? ¿Para qué voy a querer uno yo pues?” le dice el abuelo con voz antipática, y vuelve a agregar “¿Para qué pues?” como cerrando la idea. Ya la risa se apoderó de mí. La señora le replicaba que por qué la trataba así si ella había llegado con todo respeto tratándolo como “caballero”.
Lamentablemente más adelante se llenó el cacharro y no pude escuchar nada más de lo que decía el anciano. Tan sólo escuché un par de comentarios del conductor hablando del gobierno, de los ministros y la presidenta, con ese típico tono del simple empleado que dice saber de todo y piensa que su opinión es la más respetable que existe. Sobre el abuelo, bueno, observé que iba sentado con un joven obeso y los dos hablaban de lo más animadamente (varias risas del gordo me lo comprobaron). Me pregunto qué hubiese pasado, cuánto me hubiese reído, si yo hubiese sido su compañero de asiento. Pero bueno, estábamos en la esquina en la que me bajaba. Ya era hora de ir a casa.
5 comentarios:
no se como te las arreglas para sacar historias de cosas asi O_o ademas esta ecsrito de manera bastante simple, adecuada a lo que estas contando. En la micro pasa cada cosa... pero no todos las escribimos.
Y sobre lo anterior que subiste, me quedare con la duda de cuanto es "real" y cuanto es una proyeccion de ti mismo =)
me carga el poco aporte de mis comentarios, pero filo.
Nos vemos por ahi. Termina el proyecto (es mi "trabajo" insistirte hasta que te apestes de ello).
usted alegue cero!
wajajajaaj... buena frase
“¿Para qué pues?” como cerrando la idea...
muajaja
deberias escriibir siempre tus aventuras en la micro, calles, cine, etc.
super freak... super freak...
Sí, concuerdo. Tienes historias graciosas y aventuras extrañas. Incluso juntos tenemos un par. Pero otras, creo, deberías omitirilas. Sobre todo algunas relacionadas con pequeñeces.
A mi tb me carga las cosas utiles inutiles... sobretodo esas que uno compra y se rompen cuando uno llega a la casa (ahora pr que uno las compra, otro tema)
Yo tb vi una vez un viejo de barbas blanas prominentes, voluptuosas, y mal genio, no fue en la micro pero bien pudo haber sido el mismo.
ya seria un viejo enojon cronico..
jeje
A ver cuando salimos de noche a tomar desayuno de nuevo...
Vuelvo a los estudios, te dejo un link http://www.youtube.com/watch?v=3lEkHKsKUSw
es mio tocando guitarra, nada mucho pero algo es algo, mas bien poco, pero alla ve tu.
nos vemos
bye!
Que divertido personaje, las cagó, debiste interactuar con él a ver que pasaba.
Es bueno registrar aquellas pequeñas cosas que a veces se no le damos la importancia que tienen. En el micro siempre pasan cosas divertidas o anécdoticas de ese estilo.
Ta divertido el relato, me gustó.
Saludos!
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