15.8.07

Entre Cerros y Plan (Parte 3)

Iban por el Plan sin ningún plan. Se reían de los perros persiguiendose la cola y de los escolares vestidos de muertos que salían a esa hora del colegio. Ella recordaba el inconfundible sonido de Miles Davis, él hacía figuras con sus manos emulando alguna clase de ave. Así se entretenían y mataban el tiempo, ese tiempo que a veces pasa tan lento y tan rápido a la vez. Tiempo, un concepto algo vago y difuso para Anselmo en el último tiempo. Veintisiete horas atrás estaba inmerso en el pasado remoto de su infancia y en ese mismo instante se encontraba en alguna clase de presente sin tiempo ni espacio. Pero sabía que su presente era lo único que existía, pese a ser inalcanzable e incalculable. Su visita al pasado había sido sólo un vistazo, como si una especie de "fantasma de los recuerdos de la infancia" lo hubiese llevado de viaje hacia esas imágenes en magia y sepia, y luego lo haya traído de regreso y lo haya hecho ver lo añoso y deteriorado del presente. Pero el presente no era tan malo después de todo. Primero, su tío parecía muy feliz allí en su parcela, pese a un par de deudas impagas y ciertos dolores a la columna. Y segundo, lo había sorprendido Carmen, algo que - tenía que reconocer - nunca se lo había esperado. Ella llegó sin previo aviso, y lo trajo de vuelta a su verdadero hogar, al viejo pero joven puerto de Valparaíso.

Siguieron sin pla definido caminando, hasta que vieron por ahí una escalera bastante empinada y decidieron subirla. Cuando iban por la mitad de la subida el cansansio era casi insoportable, pero ya era lo mismo seguir que volver, así que tomaron algo de aliento y siguieron subiendo. Al llegar arriba sintieron un fino olor a hierba - sí, sí, cannabis sativa - y vieron unos letreros que indicaban el camino a un museo. Siguieron las flechas (como seguir un "camino amarillo") y llegaron al museo, aunque no les importó mucho los cuadros y esculturas de adentro y se quedaron afuera, mirando el mar y los cerros desde esa imponente vista. Encontraron un pequeño parque, algo escondido y bien obscuro, y decidieron entrar. No había nadie, y se preguntaron si estaba permitido estar ahí. Aún caían gotas allí adentro del parque, gotas de lluvia de la noche anterior que obviamente habían quedado en las ramas de los árboles. El suelo estaba aún mojado, más bien embarrado, y había un exquisito olor a tierra mojada. También algo de olor a pasto mojado, lo que puso algo pensativa a Carmen (Anselmo sabía bien la razón, pero no dijo nada).

Pasaron un buen rato ahí. Hacía bastante frío y ya estaba oscureciendo, así que decidieron volver. Bajaron el cerro por un camino distinto, algo enredado y laberíntico, y llegaron nuevamente al Plan. Sintieron por ahí cerca un delicioso olor a café y como era de esperarse se antojaron de tomarse una taza caliente, ella de expreso y él de cortado. Se metieron al café más cercano, que resultó ser uno de los más bonitos que había visitado, tenía algunas fotos en blanco y negro que recordaban ciertos hechos históricos bastante memorables o que eran simplemente bonitas, muchas de ellas de los grandes del jazz. Quizás impregnados de ambiente de recuerdos, comenzaron a hablar, mientras les traían los cafés, de cómo se habían conocido y de lo bien que lo pasaban juntos.

"Debo pedirte disculpas, Anse, por ser así de complicada el último tiempo" dijo de pronto Carmen. "Tranquila, no te he reclamado nada" le respondió sinceramente él, desestimando la gravedad del asunto. Los dos pidieron una segunda taza, y luego de tomársela, tomando en cuenta las fotos de las paredes y lo que habían hablado en el café, bautizaron al lugar como "café de los recuerdos". Al salir cada uno tenía que tomar un camino distinto, cada uno a su propia casa. Se despidieron con un abrazo fuerte y extendido, chocaron sus mejillas y en pocos segundos ya estaban frente a frente, nariz con nariz, mirándose con una sonrisa arcaica y ambigua. Podrían haber seguido, pero su instinto hizo que se separaran, aunque quedaron tomados de las manos. "Chau, Carmen, nos vemos mañana" le dijo Anselmo, como para cortar el tenso momento. Carmen no dijo nada, simplemente dio media vuelta y caminó hacia un paradero. De tanto caminar, descubrir lugares mágicos y morirse de frío, no estaba de ánimo para pensar lo que casi había sucedido, así que tomó la primera micro que pasó, se sentó en el cuarto asiento y encendió su mp3 player hasta llegar a su casa. De seguro el disco "April in Paris" de Count Basie la ayudaría relajarse y dejar de pensar tanto, y claro, lograr dormir esa fría noche.

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