11.2.08

Divagaciones, urgencias y encandilamientos

Agonizante periplo el ser, interesante aventura cubierta de papel chocolate sin doblar, absurda apariencia semi dominante semi pasiva, alocada aurora fugaz llena de personajes curiosos. Un día veo un aguilucho irse en picada contra una paloma, dejando en cuestión de segundos nada más que unas pocas plumas tiradas en el pavimento, otro día veo a sunrise y sus ojos clavados en la ventana tras la que yo estaba en el tren en el que yo iba pero sin saber si me vio o sólo vio el reflejo del vidrio cual espejo azul brillante encandilando a los esperantes del tren en dirección contraria que nunca pasaba, u otro día en que desperté sin sueño a las tres de la mañana y tuve que ocuparme en algo para no aburrirme hasta que amaneciera y dieran las ocho y tuviera que tomar la micro y avanzar y ocuparme de verdad. Celofanes color anochecer inundan mis sueños de pos adolescente, otorgándole a los días nublados un sabor a vainilla indescriptible, una humedad y perdón que las nubes lucen con elegancia. Todo es como un capítulo cortazariano que comienza con la búsqueda de la maga y termina con la búsqueda del terrón de azucar en los pies de la gente de no se qué restorán parisino. Todo es como algún libro proustiano en que cualquier línea se torna tan interesante e intrigante que te hace despertar del resto del libro, y te dan ganas de volver atrás para ver lo que te perdiste mientras cabeceabas. Todo es como recordar los viejos amores de la infancia y hasta mirar los ojos jubilosos de aquella secundaria tras el vidrio de su sala y yo del otro lado mirando y esperando y mirando. Las prosas de la adultez difícilmente tendrían el mismo aroma de las rimas infantiles. Y el blues del siglo pasado, y el comentario profundo, y el beso prófugo en las cañerías de la lucidez, y el tango de gardel y el mambo de perez prado, y aretha franklin cantando i never loved a man the way i love you y uno deseando que fuese el receptor de tal frase, y el jugo de fresa, y las amigdalas inflamadas a las tres de la tarde, y la búsqueda del soundtrack del cualquier película de cuando recién le sacaban soundtracks a las películas, y el vals triste de yann tiersen o la canción excesivamente romántica de la piaf que lo lleva a uno a las patas de la torre eiffel comiendose uno de esos panes largos y viviendo un no se qué romance. La vie, l'amour. La lluvia nunca cae igual que la vez anterior, sea que uno esté solo o acompañado, en esas tardes lluviosas de mayo en que lo mejor es quedarse en la cama, llenandose de calorías mientras se disfruta a tim burton o a kusturica, o se anotan las diferencias entre metropolis y m de fritz lang. A veces viene alguna idea para un cuento, pero la mayoría de las veces uno se las mete en los bolsillos mentales y nunca más las saca. Otras veces viene al urgencia por buscar trabajo o por terminar no se qué tarea inconclusa o tener esa conversación que a cada rato uno posterga, o la urgencia por las obligaciones siempre vigentes y nunca finalizadas. Y a veces el jazz, e incluso un poco de folkie. Que charlie haden, que vandermark five, que count basie y su april in paris, que bessie smith que a uno le dan ganas de llorar aunque no entienda el modismo sureño de la letra. Y las cosas que nucna se olvidan como si a uno se las hubiesen tatuado en la piel de la memoria, y el recuerdo que siempre cambia como la historia sin fin y que capaz que si uno viajara en el tiempo ni reconocería eso que vivió por allá por los mil novecientos ochenta y nueve. Al final, siempre el ojo se encandila aunque sea un hilo de luz que pasa a través del agujero de la pared.

1 comentario:

Carmen Eva dijo...

que lindos sentimientos, y tanta melancolia....que hay del dejarse llevar y dejarse querer y ser querido, sobre todo un ser de otoño tan adorable como lo es, que todas las lluvias que vengan sean bellas muy bellas